Ludwig von Pastor

Nació en Aquisgrán el 31 de enero de 1854, murió en Innsbruck el 30 de septiembre de 1928. De padre calvi­nista, fue educado al principio en esta reli­gión; pero a la muerte de aquél, la madre lo formó en su religión, la católica, de la que Pastor fue en lo sucesivo fervoroso practi­cante. La influencia de su profesor de His­toria en el Liceo, Johannes Janssen, que estaba redactando una historia del pueblo alemán de gran alcance, fue decisivo para Pastor, el cual, destinado por sus familiares al comercio, se dedicó, por el contrario, a los estudios históricos, y todavía estudiante, planeó una historia de los papas, de un espí­ritu distinto y con una amplitud diferente de la protestante, entonces en auge, de Ran­ke (v. Historia de los Papas). Con tal pro­grama, se perfeccionó no sólo en las disci­plinas histórico-eruditas, sino también en las teológicas y político-sociales, en las uni­versidades de Lovaina, Bonn, Berlín, Viena y Graz (donde consiguió el doctorado en 1878), y visitó a las personalidades más representativas de la historiografía, de la política y de la teología, desde Hertling hasta Reumont, desde Reichensperger hasta Burckhardtt.

A partir de 1876 había inicia­do sus investigaciones en Roma y otros pun­tos de Italia, comprobando, sin embargo, que sólo el estudio de las fuentes secretas del Vaticano, cerradas hasta entonces a los estudiosos, permitirían la redacción de una historia de los papas sobre bases nuevas y más adecuadas. En su consecuencia, des­arrolló una tenaz actividad para que se abriera a los estudiosos el archivo secreto vaticano; y lo logró, con el fuerte apoyo de personalidades eclesiásticas, obteniendo de León XIII en 1880 el deseado consentimien­to. Mientras tanto, había dado a las pren­sas un trabajo sobre Las tentativas de unión de las iglesias bajo Carlos V [Die kirchlichen Reunions Bestrebungen unter Karl V., 1879] y la Correspondencia del cardenal Contarini [Die Korrespondenz Kard. Contarinis, 1880], que aclaraba la obra de media­ción llevada a cabo por este fino humanista veneciano con respecto a las posiciones teológicas luteranas referentes a la justi­ficación por la fe.

La atmósfera del «Kulturkampf» bismarckiano, en pleno desarrollo entonces en Alemania, no era favorable a un ultramontano declarado como Pastor, que hubo de buscar el reconocimiento de sus títulos de estudioso en un ambiente uni­versitario menos hostil. Por ello, pidió y obtuvo el permiso de enseñar en la Univer­sidad de Innsbruck, en 1880, y allí desem­peñó también, en 1887, la cátedra oficial de Historia. Mientras tanto, se había casado con una Kaufmann, renana como él, hija del burgomaestre de Bonn. Enseñando en la Universidad tirolesa, típica creación de la Contrarreforma habsburguiesa, no podía mantenerse ausente en la polémica susci­tada entre los alemanes, partidarios del Im­perio germánico sin Austria y bajo direc­ción prusiana protestante, y los alemanes, que deseaban ver a Austria incluida en el Estado nacional alemán unitario y conside­raban más genuinamente alemana la tradi­ción del multisecular Sacro Imperio vincu­lado a Viena, a la Casa de Austria, que la reciente dinastía de los Hohenzollern.

Aun estando fuera de Alemania, Pastor siguió aten­tamente y apoyó la política del centro ca­tólico, dedicando trabajos de amplio vuelo a sus eminentes personalidades, como los dos volúmenes sobre A. Reicheneperger (1889). En 1886 había aparecido el primer volumen de su obra monumental, la Historia de los Papas desde fines de la Edad Me­dia (v. Historia de los Papas), que, pen­sada al principio en seis volúmenes, resultó al final en dieciséis, algunos de ellos en varias partes y que debía quedar terminada en 1933, póstumamente, con Pío VI (1799). Los demás trabajos de Pastor tienen relación con su obra fundamental, como estudios preparatorios o como desarrollos monográ­ficos: así la continuación (vols. VII y VIII, 1893-95) o la reedición (1893-1924) de la Historia del pueblo alemán desde fines de la Edad Medieval [Geschichte des deut­schen Volkes seit dem Ausgang des Mittelaltres, 1878-88) de Johannes Hanssen, su maestro, descubridor de valores semidesconocidos de la Baja Edad Media; así la colección de las Explicaciones e integracio­nes a la historia del pueblo alemán de Jans­sen [Erläuterungen und Ergänzungen zu Janssens Geschichte des deutschen Volkes, de 1898], en la que figuran obras de gran interés: suyas, como El viaje del cardenal Luis de Aragón a través de Alemania, Paí­ses Bajos, Francia e Italia septentrional [Die Reise des Kard. Luis de Aragón durch Deut­schland… 1517-18, beschrieben von Antonio de Beatis, 1905] o de otros, como la de Lauchert sobre los adversarios italianos de Lutero (1912); el opúsculo polémico Para un juicio sobre Savonarola [Zur Beurtheilung von Savonarola, 1898]; el docto ensayo, pu­blicado en italiano, Las bibliotecas priva­das de Roma (1906); los Dekrete des rö­mischen Inquisition 1555-1597 (1912) y las monografías sobre Roma La ciudad de Roma a fines del Renacimiento [Die Stadt Rom zu Ende der Renaissance, 1916], y Sixto V creador de la Roma moderna, pu­blicado en italiano en 1922.

Tan gran canti­dad de rebuscas bibliográficas y de archivo no podía ser realizada por una sola persona; por ello se valió de colaboradores, no sólo para la exploración de archivos y la investigación y transcripción de noticias, sino también para el período tratado en los últimos volúmenes de la Historia de los Papas, y también para lo referente a temas especiales. De ello se ha originado una ani­mada polémica, en especial acerca de la efectiva atribución a Pastor del volumen sobre Clemente XIV y especialmente en lo que concierne a los severos juicios que en ella se expresan sobre el pontífice que abolió la Compañía de Jesús, que fueron atribui­dos a sus colaboradores jesuitas y no a él. La obra, pese a críticas de diverso género e inspiración, no siempre exentas de pre­juicios convencionales, obtuvo inmediata­mente el favor del público con traducciones y reediciones en las principales lenguas. En los «ocios» de su obra principal, sobre todo en los años de la guerra, de forzada ausencia de Roma, se dedicó también a la redacción de biografías de hombres de su tiempo: de Iglesia, como la del teólogo J. B. Heinrich (1925) y del párroco F. Kauf­mann, su cuñado (1921); de hombres de Es­tado (Conrad von Hötzendorf, 1916) y tam­bién de militares, como la del general V. von Dankl (1916).

Profundamente devoto del Pontificado y decidido partidario de sus razones en las grandes disputas teológicas y políticas, supo, sin embargo, conciliar este íntimo convencimiento suyo con la exi­gencia del historiador de investigar la ver­dad y de presentar siempre posiciones y justificaciones de todos los contrincantes, sin preocupaciones apologéticas, fiel al lema «vitam impendere vero». Poco antes de su muerte, en 1926, había escrito una autobio­grafía para la conocida colección de Steinberg, en Innsbruck.

M. Bendiscioli