El Movimiento Poético Francés de 1867 a 1900, Catulle Mendès

[Le mouvement poétique français de 1867 à 1900]. Obra crítica de Catulle Mendès (1841-1907), publicada en 1903: está constituida en realidad por un «informe» al Ministro de Instrucción Pú­blica y Bellas Artes, un amplio diccionario bibliográfico y crítico, y una nomenclatura cronológica de la «mayor parte de los poe­tas franceses del siglo XIX».

La viva parti­cipación del autor en la literatura de su tiempo, con el grupo de los Parnasianos, y una continua y cordial amistad con los representantes de todas las escuelas poéti­cas, comunica agilidad a su tratado, y le da un tono narrativo y expositivo, más bien que crítico. Enlazando con otro «informe», el escrito por Gautier en 1867, Mendès valo­ra las actitudes de la poesía moderna y dis­tingue sus varias fases intentando compren­der el espíritu de los grandes líricos de principios de siglo. Bastaría por todos la figura de Baudelaire para indicar la razón de ser de una nueva era de la literatura. El crítico quiere razonar y distinguir, pre­firiendo la vida de la poesía a teorías y programas de escuela; y este razonamiento, característico en un viejo parnasiano, per­mite al escritor juzgar con bastante ecua­nimidad las diversas experiencias de poesía, hablando de la tendencia a «futurizar» («futuriser»: notable muestra de anticipa­ción con respecto a Marinetti y su movi­miento de un lustro más tarde) junto a la tendencia a «atesorar»; como es el caso, por ejemplo, de France, valorado como fino cincelador, en sus poesías y en sus prime­ras novelas.

Sus opiniones acerca de Ver­laine y Mallarmé, de Rimbaud y de La­forgue, así como sobre Corbière y Samain son, en general, notables porque se pro­ponen apreciar el aspecto humano de sus buceos en la poesía, dirigidos a no renegar la vida por las manifestaciones del arte. Pero si los simbolistas se equivocaron al creer que habían inventado el símbolo (del cual hay vivos testimonios en la poesía de todos los tiempos), otros, como los poetas «naturistas», afirman sin demasiada firmeza haber descubierto la naturaleza. Sea como fuere, concluye escépticamente el crítico, después del esplendor de los genios román­ticos, a los que se añadieron las glorias parnasianas, no ha surgido ningún poeta que sea digno del consenso universal. Esta obra señala y examina numerosas corrien­tes y grupos literarios hasta 1903, con algún apéndice añadido durante la impresión. Por esto aún hoy es interesante, tanto por sus juicios como por su recopilación de mate­riales para una nueva sistematización his­tórica de tendencias y de personalidades.

C. Cordié