Los Búlgaros Antiguos y Actuales, en sus Relaciones Políticas, Étnicas, Históricas y Religiosas con los Rusos

[Drevnie i nynesnie Bolgare v politiceskom, narodopisnom, istoriceskom i religioznom ih otnosenii k Rossijanam]. Obra rusa que ha llegado a ser famosa en la historia de la cultura búlgara, de Jurij Ivánovic Venelin (Georgi Huca, 1802-1839) mediocre escritor ruso-ucraniano, exaltador de los búlgaros, y que por esta razón alcanzó gran fama entre éstos. Sus obras, y ésta en particular, a la que debe sobre todo su popularidad en Bulgaria, se apoyan sobre base histórica y científica muy discutible; abundan en erro­res, inexactitudes, conceptos preconcebidos, conclusiones arbitrarias con las que el autor trata de demostrar, más con «pathos» de poeta que con métodos de hombre de estu­dio, que los búlgaros no son de origen tár­taro, sino que constituyen una parte inte­grante del pueblo ruso, exaltando en ellos el mérito de haber llevado a los demás es­lavos el cristianismo, el alfabeto y la len­gua litúrgica. Afirma también que los búl­garos, de pura raza eslava, como los rusos, checos, polacos, y los croatas, provienen del Volga. De aquí su nombre de búlgaros, o «volgo-rusos», nombre que designaría, se­gún Venelin, una de las tres grandes fami­lias en que se dividiría el pueblo ruso: volgo-rusos, grandes-rusos y pequeños-rusos. A pesar de todos sus defectos y de la super­ficialidad, la obra de Venelin tuvo gran importancia para los búlgaros, contribuyen­do eficazmente, como lo hiciera medio si­glo antes la Historia eslavo-búlgara (v.) de Paisij, al despertar de la conciencia nacio­nal y al movimiento espiritual de su resur­gimiento.

E. Damiani

El Buho y el Ruiseñor, Nicholas of Guildford

[The Owl and the Nightingale]. Poema inglés, proba­blemente de la mitad del siglo XIII, de unos dos mil versos aproximadamente. De autor desconocido, fue atribuido a Nicholas of Guildford o a John of Guildford. Es un alegórico certamen entre un búho y un ruiseñor, que discuten acerca del respectivo valor de su canto; probablemente el búho simboliza el poeta religioso y el ruiseñor el poeta de amor. La escena tiene lugar al aire libre, estando el ruiseñor sobre un seto en flor y el búho en un árbol antiguo; es una disputa que llega a saber más a tribu­nal que a otra cosa. A pesar de que el poe­ta no se muestra partidario ni de uno ni de otro, parece más bien defender al sabio búho. Hay en el poema una manera que recuerda formas contemporáneas fran­cesas y provenzales, aunque empleadas con una autonomía acentuada por el humo­rismo.

A. Camerino

Bug-Jargal, Víctor Hugo

Es la primera novela de Víctor Hugo (1802-1885), escrita en 1818 a los dieciséis años, casi enteramente re­hecha y publicada al año siguiente. La ma­yoría de los motivos fundamentales del arte de Víctor Hugo, según han de manifestarse en las novelas posteriores y en el teatro, están ya delineados en esta obra, como ejemplo quizás único de continuidad de ins­piración. Estamos en una plantación de Santo Domingo en 1791; el esclavo Pierrot está secretamente enamorado de la hija de su patrón, la dulce María, prometida a Leo­poldo d’Auverney. Durante una insurrec­ción, María es raptada y d’Auverney se pone en busca del raptor; pero, preso por los insurrectos, sería muerto si el jefe de la insurrección de los negros, Bug-Jargal (v.), o sea el mismo Pierrot, no le salvase. Él mismo conduce al joven junto a la mu­chacha, raptada por él para salvarla de la furia de los revoltosos. Pero Bug-Jargal ha­bía sido capturado y, para ir en ayuda de d’Auverny, ha tenido que dejar en rehenes a doce compañeros; efectuado su empeño, el antiguo esclavo vuelve, pues, entre los blancos que le fusilarán. Varias figuras ani­man este sencillo asunto; el grotesco Biassou, jefe de una banda de insurrectos, el sargento Tadeo, el bufón Habibrah, lleno de odio por los patrones a quienes divierte con su monstruosidad, y que morirá luego, víctima de su misma tentativa de vengan­za, y por fin el perro de Bug-Jargal, mo­tivo patético hábilmente valorado. Encon­tramos en Bug-Jargal el tipo inicial del Gilliat (v.) de los Trabajadores del mar (v.) y en Habibrah el esbozo de Triboulet (v.) del Rey se divierte (v.); toda la breve novela vive en estos juegos de antítesis, en los exasperados conflictos entre extremada generosidad y desgracia extremada que pre­dominarán más tarde. [Trad. española de M. Bosch (Barcelona, 1840, reed. 1877)].

U. Déttore

Bueves D’hanstone

Cantar de gesta francés del siglo XIII, rehecho en el siglo XIV en prosa. Guido, señor de Hanstone, localidad imprecisa de Inglaterra, ya no era un mozo cuando casó con una dama joven de la que tuvo un hijo: Bueves. La mujer se ha cansado pronto del viejo mari­do, enamorándose de Doon de Mayence, de famosa familia de traidores, quien mata a Guido, se adueña de Hanstone e induce a la joven esposa a que entregue su hijo a dos secuaces suyos, que lo venden en tie­rras lejanas. El hijo, educado en Armenia, en el palacio real, se enamora de la hija del rey, Josiana. Habiendo asaltado los per­sas al rey Hermin, el joven lo defiende ven­ciendo a los asaltantes; pero dos traidores revelan al rey los amores de su hija con el joven y el monarca entonces, airado e in­grato, le envía al rey de Damasco con orden de matarle. Pero éste le encierra en una hórrida prisión, de la que al cabo de un año Bueves logra huir. Tras algunas aven­turas, encuentra a Josiana, que durante este tiempo se ha visto obligada a casarse con Yvorin, rey de Montbrant, en Áfri­ca. Como el matrimonio no ha sido consu­mado, los dos amantes huyen juntos a Colonia, donde el obispo, tío de Bueves, los casa. Luego, con el auxilio de algunos an­tiguos amigos a los que se ha dado a cono­cer, Bueves combate contra Doon, y tras matarle en duelo, le acogen triunfalmente, en Hanstone, mientras la pérfida madre in­gresa en la prisión. Pero las desventuras de Bueves no han terminado.

Tras haber sometido a los irlandeses, tiene que luchar contra los parientes de Doon, que, para vengarse, han instigado contra él a Hugo, hijo del rey Guillermo de Inglaterra. Hugo es muerto por el caballo de Bueves, Aron- del, y el héroe es condenado al exilio. Vuel­ve con su mujer al África, a Montbrant, y en el bosque, Josiana da a luz dos hijos. Madre e hijos caen en las manos de Yvorin y, tras largas y numerosas aventuras, Bue­ves es coronado rey de Jerusalén y deja el reino a sus hijos. En este punto termina el poema y termina también la versión franco- véneta de la leyenda, contenida en el códice marciano. Pero la versión francesa en pro­sa narra también que Bueves, al acabar su vida, se retiró a un yermo para hacer peni­tencia. La leyenda de Bueves de Hanstone gozó de enorme difusión en toda Europa; se conocen, nada menos, además de las versiones francesas en verso y en prosa, las leyendas siguientes: inglesa, irlandesa, is­landesa, escandinava, italiana, rusa, judía y rumana; pero sobre todo la leyenda se difundió en Rusia y en Italia. Nos han lle­gado dos relaciones franco vénetas en verso, tres toscanas en prosa, una de las cuales está contenida en la Realeza de Francia (v.) de Andrea de Barberino, y dos toscanas en octava rima. El origen de la leyenda de Bueves no es bien conocido, pero es cierto que su historia variada y desventurada, que hace del poema francés más bien una no­vela de aventuras que un cantar de ges­ta, gozó del favor de las multitudes de to­dos los países, que la cantaron y que hi­cieron de Bueves, sobre todo en Rusia, un gran héroe caballeresco, del que conserva­ron el recuerdo vivo durante los siglos pos­teriores.

C. Cremonesi

*       La refundición rusa lleva por título Bova Korolevic; penetró en Rusia en la redacción italiana a través de una versión serbia. La novela se difundió mucho durante los siglos XVII y XVIII, manuscrita y en ediciones populares ilustradas. El ejemplar más antiguo de la versión rusa pertenece al siglo XVI y es un manuscrito rusoblanco que se nos ha conservado hasta la actuali­dad en la biblioteca de Poznan.

E. Lo Gatto

El Buey Suelto, José María de Pereda

En 1877 consultaba José María de Pereda (1833-1906) al gran crítico, su paisano y amigo, Menéndez Pelayo, si existían antecedentes en la novelís­tica castellana sobre las ventajas e incon­venientes de la vida conyugal. Proyectaba escribir una réplica a la novela de Balzac, Petites miséres de la vie conjugal (v.). «Tengo in mente — le decía — una serie de cuadros edificantes, cuyo título podría ser El buey suelto, etc., en oposición a tanto como se ha escrito aquí y allá acerca de la prosa de la vida conyugal». La contestación de Menéndez Pelayo le tranquilizó sobre los posibles antecedentes, e inmediatamente puso manos a la composición de su novela, a la que subtituló «Cuadros edificantes de la vida de un solterón». Apareció el libro impreso el siguiente año de 1878 y con­fiesa Pereda que la idea de él se la inspiró el deseo de oponerse a la tesis de Balzac. Era ésta la primera novela grande que pu­blicaba Pereda, y si bien tiene primores de ejecución, puede afirmarse que parece he­cha en retazos, y aun éstos mediante cosi­dos, y que debe su unidad a la que le da la persistencia del protagonista. Hay en ella cuadros llenos de vida y energía grá­fica y acaso merece hacerse resaltar la maestría con que pinta las psicologías más elementales, y entre todas (si vale llamarla así), la del perrillo Adonis que vive en las páginas del libro con cautivadora evidencia. El personaje central, Gedeón, no parece tener suficiente consistencia para servir de ejemplar probatorio de una tesis. Pereda le hace pasar por incómodas vicisitudes, hasta llegar la de la muerte, en la que ha de ce­lebrar su matrimonio in articulo mortis y renegar de su enemiga al lazo matrimonial.

En un testamento cómico que redacta en aquel trance «separa del cuerpo de bienes una suma de importancia para premiar el mejor libro que se escriba en el plazo de dos años, a contar desde aquel día, sobre las «Miserias de la vida del solterón», sien­do los jueces del certamen que se abra al efecto, el doctor y el señor cura allí pre­sentes, y en caso de empate el célibe más viejo que haya en la población. También es su voluntad que se doble la recompensa si la obra llega a ser declarada de texto en las escuelas de la nación». La acogida de la novela por la crítica de su tiempo no fue entusiasta. Hasta los que mayores elo­gios le dedicaron lo hacen no sin cuerdas limitaciones. Menéndez Pelayo, que la elo­gia con calor, reconoce que este libro «es el más endeble» de los de su autor. No le falta acaso razón a Ludwing Pfanld cuan­do estudiando las novelas de Pereda afirma: «La suerte tragicómica del soltero Gedeón es entretenida, pero no apasiona, ya que para semejante imbécil también el matri­monio hubiera sido una escuela de dolor». Acaso el rasgo más interesante de ella es el delatar el carácter polémico de Pereda, que si en este caso se enfrenta con Balzac, en otros ha de hacerlo con Galdós, o con tesis más generales y recibidas.

J. M.a de Cossío