Ferruccio Benvenuto Busoni

Nació el 1. ° de abril de 1866 en Empoli, murió el 27 de julio de 1924 en Berlín. Personalidad artística de singular relieve en la música moderna, B. fue conocido y celebrado du­rante su vida, especialmente como pianista: sólo en los últimos años comenzó a valo­rarse la importancia de su obra de compo­sitor, ya por ella misma, ya por la influen­cia, revelada cada vez de un modo más claro, que ejerció sobre las nuevas tenden­cias en los albores de este siglo.

Sin em­bargo, B. fue más compositor que pianista y nunca abandonó la actividad creadora, ni siquiera en los años de más intensa vida de concertista, como se demuestra por el catálogo cronológico de sus numerosas com­posiciones, desde las piezas para piano escri­tas a los once años hasta la ópera Doctor Faust, que quedó incompleta y fue repre­sentada en Dresden después de la muerte del autor.

De Empoli fue llevado a Trieste donde vivía su abuelo materno, Giuseppe Weiss, que se ocupó de su educación, en tanto que sus padres (Ferdinando, clarinete, y Anna Weiss, pianista) hacían jiras de conciertos: pero su madre le transmitió su sensibilidad y su gusto y siempre estuvo a su lado, espiritualmente, con su consejo y su afecto.

Busoni se presentó por primera vez en público en Trieste, junto con sus padres, a la edad de siete años: su primer concierto como solista tuvo efecto, en el mismo Tries­te, al año siguiente, con un programa que comprendía, entre otras piezas, dos fugas de Händel, el Knecht Ruprecht de Schu­mann y Tema con variaciones de Hummel.

Se inicia así una carrera de concertista que debía durar casi cincuenta años y que sitúa indiscutiblemente a B. entre los más insig­nes y personales intérpretes de su tiempo. En 1888 fue nombrado profesor de piano en el Conservatorio musical de Helsingfords (Helsinki); en 1891, después de haberse ca­sado con Gerda Sjóstrand, hija de un es­cultor sueco, se trasladó a Boston, llamado allí para ocupar la cátedra del «New England Conservatory»; en 1894 se establecía en Berlín, donde desarrollará en lo sucesivo la mayor parte de su actividad y tendrá su domicilio.

Durante el período de la primera guerra europea vivió en Zurich, y durante algún tiempo en Bolonia, de cuyo Liceo Musicale Rossini había sido nombrado di­rector a finales de 1913. En octubre de 1920 regresó a Berlín, como profesor de compo­sición de la Academia de Música.

En los numerosos trabajos, que hacen patente las líneas esenciales de su arte, propugna por la instauración de un nuevo «clasicismo», es decir — como escribió a Paul Bekker en 1920—, «un arte al mismo tiempo viejo y nuevo que se base en el dominio, la criba y la explotación de todas las conquistas de experiencias anteriores, resumiéndolas en formas sólidas y bellas», y que realice «la definitiva separación del tematismo y el renovado empleo de la melodía como do­minadora de todas las voces, de todos los impulsos, soporte de la idea y generadora de la armonía, en resumen, de la polifonía desarrollada (no complicada) hasta el má­ximo».

Hablando así, reafirmaba B. su gran admiración por la obra de Mozart y tendía al mismo tiempo a conciliar los dos aspectos del arte del XIX: el romanticismo en cuanto inspirador de altos pensamientos y de acciones heroicas y el clasicismo de las formas en su esencia, poniendo en práctica el sueño de Goethe, que se perfila en la última escena de su Doctor Faust (v. Faus­to). No siempre se alcanza este ideal en las numerosas obras que constituyen la impo­nente producción busoniana.

Y aunque no haya en ellas una concreta realidad artística, sí existe la muestra de un anhelo que las hace extremadamente interesantes y ricas en enseñanzas y sugestiones: especialmente las que creó en los años de madurez, desde la segunda Sonata para violín y piano (1904) y el Concierto para piano y orquesta con coro final (1906) hasta la ópera Arlequín (1920, v.), las Sonatine para piano (1910- 1919), la Fantasía contrapuntistica para piano (1920), la Fantasía indiana para piano y orquesta (1919) y el Doctor Faust, al que dedicó los últimos años de su vida y que fue terminada por su fiel discípulo Philipp Jarnack.

G. M. Gatti