Enrico Annibale Butti

Nació el 19 de fe­brero de 1868 en Milán, donde murió el 25 de noviembre de 1912. Sus estudios abarcaron varias ramas del saber, desde la medicina y la música hasta la jurisprudencia y las matemáticas.

De carácter esencialmente me­ditabundo, inició su carrera literaria con una serie de novelas, no demasiado excep­cionales en cuanto a gracia y viveza: L’automa (1892), Del alma (1893), l’immorale (1894), L’incantesimo (1897).

Mientras tan­to, a partir de 1893 había empezado a tra­bajar para la escena con Frutto amaro (en colaboración con Hanau), obra a la que si­guieron Il vórtice y L’utopia (1894). Siguien­do el modelo de Ibsen, reaccionó contra el teatro verista de inspiración francesa e in­tentó poner de manifiesto los valores deno­minados «espirituales» que entonces se ha­llaban en conflicto con la ciencia, la política y el progreso.

Con todo, sus personajes no presentan sino problemas intelectuales, y ca­recen de un verdadero dramatismo. Contra los malos hábitos y la «miopía» de algunos contemporáneos, así como también para rei­vindicar el humanismo apoyado en una só­lida fe religiosa, compuso la tetralogía titu­lada Los ateos (de la cual quedaron termi­nadas las tres primeras partes: La carrera en pos del placer; Lucifer, v.; Una tempes­tad), destinada a denunciar la falsedad de los placeres, la supuesta omnipotencia intelectual del hombre y la ideología socialista.

Las mismas tesis inspiraron la más famosa de las obras teatrales de B., Llamas en la sombra (1904). Nuestro autor cultivó asi­mismo el género satírico y jocoso, en el que logró notables éxitos. En su producción figuran también un repertorio de estudios críticos (Né odi né amori) y una especie de testamento espiritual que fue su creación predilecta: el poema dramático en cuatro cantos El castillo del sueño.

G. Debenedetti