Nació en Königsberg el 18 de noviembre de 1768 y murió en Viena el 17 de enero de 1823. Todavía muy joven quedó huérfano de padre, y fue confiado a los cuidados de la madre, que posteriormente falleció en la locura. Estudió Leyes en Königsberg, pero se interesó en particular por la filosofía de Kant, a cuyas lecciones asistió; no obtuvo de ello, sin embargo, un gran provecho. En 1798 publicó un pequeño volumen de Poesías diversas [Vermischte Gedichte], áridas, racionalistas y con rasgos satíricos dirigidos contra el clero y los jesuítas. Su ingreso en la masonería le valió un modesto empleo en la Prusia meridional y, luego, en Varsovia, donde pasó unos diez años, los más serenos y tranquilos de su existencia.
Divorciado de su primera esposa, una prostituta a la cual encontrara en un burdel, unióse en 1799 a una mujer perteneciente a la pequeña burguesía de Königsberg, a la cual abandonó al cabo de algún tiempo para vincularse a una joven polaca. Sin embargo, tampoco esta unión duró mucho. En el curso de una estancia en Berlín Werner se relacionó con algunos de los escritores de esta ciudad — Hitzig, E. T. A. Hoffmann, Iffland —, quienes le ayudaron, pero no influyeron decisivamente en su carácter inquieto e insatisfecho. Dejado el empleo, inició una vida errante por Alemania, Suiza — donde conoció a Mme. de Stael — y Francia; finalmente, marchó a Roma con una pensión obtenida de un protector. Su innato misticismo y una continua simpatía — aun cuando nacido y crecido en un ambiente protestante— hacia las formas del culto católico (en lo cual se halla próximo a muchos románticos) facilitaron su conversión al catolicismo (1810) a la cual siguió en 1813, en Aschaffenburg, su ordenación sacerdotal.
Como predicador suscitó gran interés en Viena, en la catedral de San Esteban; la atracción que ejerció viose favorecida por su pasado de hombre y su actividad de escritor. Después de su primer drama, Los hijos del valle (v.), de 1803, apareció el año siguiente La cruz en el Báltico (v.), que, por su planteamiento y su ejecución, es posiblemente lo mejor de cuanto escribiera Werner; de tal obra, empero, sólo poseemos la primera parte, puesto que el poeta no compuso nunca la segunda, anteriormente proyectada. En 1806, en Berlín, fue puesto en escena, con gran éxito y la participación del actor Iffland como protagonista, el drama Martín Lutero (v.); en Weimar, Goethe, que se interesaba por Werner, hizo representar en 1808 el titulado Wanda, reina de los sármatas.
Nuestro autor debe sobre todo su notoriedad a la obra dramática en un acto El veinticuatro de febrero (v.), luego ampliamente imitada; se trata del primer drama fatalista de la literatura alemana, y presenta un determinismo algo exterior y casual. Como oposición a Martín Lutero, y para ratificar con mayor evidencia su conversión al catolicismo, escribió en 1814 otra producción dramática, La consagración de la debilidad [Die Weihe der Unkraft]. Interesantes resultan sus Diarios [Tagebücher], aparecidos póstumos.
G. V. Amoretti

