Wallace Stevens

Nació en Reading (Pennsylvania) el 2 de octubre de 1879 y murió en Hartford (Connecticut) el 2 de agosto de 1955. Su carrera literaria puede conside­rarse, en muchos aspectos, ejemplar. En cuanto hombre no sintió inclinación a divi­sas políticas o sociales; en medio de la so­ledad, llevó a cabo la paciente lucha que todo artista debe sostener con el mundo interior y el medio de expresión propios. Su producción, integrada exclusivamente por poesías, revela intereses y cualidades que excluyen cualquier sospecha de diletantis­mo; sin embargo, el autor no hizo nunca de su labor una actividad profesional o lu­crativa. Graduado en Harvard, frecuentó la Escuela de Jurisprudencia de Nueva York, y en 1904 obtuvo la correspondiente auto­rización para el ejercicio de la abogacía. Quizás a causa de las excesivas energías que le absorbía tal profesión ingresó en 1916 como empleado en una empresa de seguros, la «Hartford Accident and Indemnity Co.», de Hartford, en la cual permaneció defini­tivamente y llegó a vicepresidente. Ya su primera colección de poesías, Harmonium (1924), dejó ver, en el carácter agudo (no hu­morístico) de su lenguaje poético, la influen­cia de una asimilación muy prudente de los poetas franceses, de Baudelaire a Laforgue y Corbière.

Si en esta obra inicial llegó el autor a la fusión de la gracia y la ligereza en una especie de elegante humanismo susceptible de gozar de la realidad externa como corresponde a un artista, a través de las colecciones siguientes, Ideas de orden [Ideas of Order] y El trébol del buho [Owl’s Clover], ambas de 1936, llegó, en el volu­men El hombre con la guitarra azul [The Man With the Blue Guitar, 1937], a tratar la relación entre realidad exterior e inte­rior, o, si se quiere, entre realidad y arte, mediante el frecuente empleo de un len­guaje de cenáculo de iniciados. Su actitud no varió, en esencia, en las obras sucesivas: Partes del mundo [Parts of the World] y Notas para una narrativa suprema [Notes towards a Supreme Fiction], ambas de 1942; Las auroras del otoño [The Auroras of Autumn, 1950], y El ángel necesario [The Necessary Angel 1951]. En ellas, empero, se da un progresivo afinamiento casi nunca en perjuicio del equilibrio. Una ojeada al con­junto de su producción, según aparece en la obra completa en un solo tomo Poesías reunidas [Collected Poems, 1954] permite ver en Stevens uno de los poetas sin duda más considerables de la literatura norteameri­cana contemporánea. En nuestro autor la poesía de su país alcanza, seguramente por vez primera, un estado de madurez, por cuanto el poeta supo realizar en su obra una síntesis de las experiencias de la sen­sibilidad con las de la cultura.

S. Rosati