Walafrido Estrabón (Strabo).

Nació en una humilde familia de Suabia en 808-09 y murió en Reichenau el 18 de agosto de 849. A causa de un defecto de la vista recibió el sobrenombre de Strabo. Estudió en Reiche­nau junto a valiosos maestros, como Vettino y Grimaldo; sin embargo, su orientación espiritual estuvo influida principalmente por Rabano Mauro, a quien pudo oír en el monasterio de Fulda. Fiel amigo de Ludovico Pío y de su primera esposa, Judit, tuvo a su cargo la educación de Carlos el Calvo, que le fue recompensada con el nom­bramiento de abad de Reichenau, monasterio del que hizo un centro cultural y político de gran importancia; sin embargo, las luchas familiares entre los carolingios le obligaron, en cierto momento, a abandonar la abadía, a la cual regresó en 842.

Fue poeta de nota­ble talento, culto y observador. De su va­riada producción poética, teológica e histó­rica mencionaremos, junto a las homilías y los comentarios, entre los cuales figura uno muy divulgado de la Biblia, Glossa ordina­ria, cuatro textos de gran interés: la Visión de Wettino (v.), descripción de un viaje al otro mundo llevado a cabo por este monje, y en la cual figuran evidentes referencias a Virgilio; Versus de imagine Tetrici, que, partiendo de consideraciones sobre la esta­tua ecuestre del rey de los godos Teodorico, llevada por Carlomagno a Aquisgrán, critica al mencionado «tirano» arriano y exalta a los carolingios; el pequeño poema El culti­vo de los huertos (v.) u Hortulus (deno­minación del jardincillo de plantas medi­cinales que tenía cada monasterio), en el que cabe advertir un delicado sentimiento de la naturaleza y un buen conocimiento de los antiguos textos de medicina, y el Libellus de exordiis et incrementis quarundam in rebus ecclesiasticis rerum (841), que trata del origen y la evolución de los elementos del culto (templos, altares, imágenes, cere­monias, indumentaria), con abundancia de valiosas noticias históricas y un sentido crí­tico bastante notable en relación con la época. Entre las restantes obras de Walafrido cabe recordar varias vidas de santos en verso y prosa, y una reducción latina de la Vida de Carlomagno (v.) de Eginardo.

P. Brezzi