Tsou Yen

(Sobrenombre, T’an T’ienyen). Nació en el Estado de Ch’i, y floreció durante el período 336-280 a. de C., en la época de los Reinos Combatientes («Chan Kuo», 480-221 a. de C.), en cuyo transcurso las ideas greco-indias acerca de la cosmo­gonía penetraron, indudablemente, en la China por los caminos del comercio marí­timo. Su familia, la de los Tsou, dio tres hombres ilustres al país: Tsou Chi, ministro de Estado, luego Tsou Yen , y, finalmente, el discípulo de éste y gran pensador Tsou Shih, que adoptó en parte la doctrina del maestro. En 326 el autor que nos ocupa se hallaba junto al rey de Liang, quien le tributó un honroso recibimiento. Fue amigo del monar­ca Hsüan de Ch’i (342-324), y fiel ministro del soberano de Yen, Chao, el cual, según dice una leyenda, le hizo construir un pa­lacio de granito.

Otro relato legendario cuenta que el sucesor de este rey, el prín­cipe Huí, dio fe a habladurías de ambiciosos y le encarceló; Tsou lloraba al mirar al cielo, del cual, aun cuando fuera verano, empezó a caer nieve abundante. Se le atribuye el famoso Shan Hai Ching (v.), el texto geo­gráfico más antiguo llegado hasta nosotros, evidentemente sometido a influencias greco- indias Tsou reveló conceptos anteriormente desconocidos. Dijo que la China no era el único reino del mundo («Chung Kuo» o «T’ien Hsia»), sino tan sólo la octogésima primera parte del Globo, en el cual existían ochenta territorios de iguales dimensiones; para él la China era únicamente «el Distrito rojo» («Ch’in Hsien») o el «Continente de los Manes» («Shen Chu»), probables alusio­nes a la tierra rojiza (loes) de su país y a la religión de los antepasados.

Según Wieger, tales números y designaciones son de origen indio. Tsou Yen  enseñó también, por primera vez, que los «cinco agentes natu­rales» («wo hsing») no aparecen alternativa­mente, como decía la doctrina tradicional, antes bien, se destruyen y vencen entre sí.

B. Fedele