Stephen Vincent Benet

Nació el 22 de ju­lio de 1898 y m. el 13 de marzo de 1943. Hijo de una familia de militares que eran también poetas y literatos, vivió durante su infancia en las diversas ciudades donde es­tuvo destinado entonces su padre, coronel, y, singularmente, en Benicia, en la bahía de San Francisco.

Estudió en la Universi­dad de Yale, y compuso un primer libro de versos a los diecisiete años. Llegado a París en 1919 para seguir algunos cursos en la Sorbona, encontró allí a Rosemary Carr, que trabajaba en la redacción parisiense del Chicago Tribune y había de convertirse en su esposa; era ésta una mujer de talento, que más tarde tradujo a Colette al inglés.

Vuelto a los Estados Unidos, Benet no intentó profesión alguna: quería vivir de su pluma, y, así, escribía numerosas obras narrativas. Atravesó entonces una época difícil, no sólo materialmente, sino también desde el punto de vista moral, por cuanto estaba descon­tento de su producción. Excitado por los relatos militares que figuraban en la biblio­teca de su padre, deseó expresar los senti­mientos impetuosos fruto de tales lecturas.

Realizó esta aspiración en el célebre poema El cuerpo de John Brown (v.), escrito en 1927 en París, adonde había podido regre­sar con su familia gracias a una beca. La obra en cuestión, especie de epopeya o ba­lada en muchos cantos, que respira un ar­diente patriotismo, presenta una perfecta exactitud histórica; muy pronto popular, al­canzó el premio Pulitzer de poesía en 1929.

Un éxito por el estilo consiguió El diablo y Daniel Webster (1939, v.), texto que ha inspirado una obra lírica. Benet es también autor de novelas y de numerosos cuentos, los mejores de los cuales se hallan reuni­dos en Historias de trece horas en varios mundos [Thirteen o’clock stories of several worlds, 1937]; sin embargo, el público ame­ricano conoce sobre todo su producción poé­tica, reunida en Baladas y poemas (1931, v.).

Su hermano mayor, William Rose Benet, ofi­cial y escritor, decía de él «que llevaba la poesía en la sangre», y, también, que era un poeta «contrario a encerrarse en una torre de marfil».

O. Didier