Arnold Bennett

Nació el 27 de mayo de 1868 cerca de Hanley (Staffordshire) y m. en Londres el 27 de marzo de 1931. Estudió leyes, pero en 1893 inclinóse al periodismo y asumió la dirección de la revista feme­nina Wornan.

En 1900 abandonó también la actividad periodística y se dedicó por en­tero a la literatura propiamente dicha. Des­de este año hasta 1908 vivió en Francia, donde se casó con una francesa e inició su tan abundante como desigual obra de narrador, a la que Bennett consagró toda su exis­tencia.

El primer texto que llamó la aten­ción de la crítica fue Ana de las cinco ciu­dades [Anna of the Five Towns, 1902], que describe el ambiente pobre de su Stafford­shire, uno de los temas centrales del escritor.

Obra maestra es Cuento de viejas (v.), seguida por la trilogía Clayhanger (1910), Hilda Lessways (1911) y These Twain (1916) y Riceyman Steps (1923). La copiosa produc­ción de Bennett abarca asimismo géneros que, como el sensacional y el humorístico, están destinados a lograr más fácilmente el favor del público, aun cuando no siempre se tra­ta de libros carentes de mérito artístico; ejemplos de ello son: The Grand Babylon Hotel (1902), Sacred and Profane Love (1905), Buried Alive (1908), The Card (1911), The Regent (1913), The Liorís Share (1916) y The Pretty Lady (1918).

En El hotel im­perial (v.), que es una de sus mejores no­velas, el autor reanuda el estudio de los caracteres. Bennett adaptó algunas de sus produc­ciones al teatro, y escribió también nume­rosas comedias, entre ellas Lo que el pú­blico desea [What the Public Wants, 1909], Luna de piel [The Honeymoon, 1911], Pie­dras miliares [Milestones, 1912], El título [The Title, 1918].

Compuso también narra­ciones, estudios costumbristas y obras auto­biográficas y críticas, generalmente de ca­rácter periodístico. La originalidad de la producción de Bennett se halla casi circunscrita a sus primeras novelas.

Aun cuando some­tido al influjo de autores sobre todo extran­jeros (Dostoievski) y deba situársele en la línea del naturalismo por un continuo afán de documentación, a veces, como en Impe­rial Palace, desproporcionado a los resul­tados, la fisonomía personal del escritor se funda en una consciente depuración de los motivos naturalistas (una «separación» con­creta de sus propios personajes, incluso den­tro de la solidaridad o «simpatía»» que pue­da manifestarles, y una atenuación de los temas violentos o turbios) alentada por el espíritu y la tradición de la narrativa an­glosajona. En verdad, casi cabría hablar de un «realismo» de Bennett.

M. Colombi Guidotti