Sir Edward Burnett Tylor

Nació en Camberwell (Londres) el 2 de octubre de 1832 y murió en Wellington (Somerset) el 2 de ene­ro de 1917. Estudió en una de las escuelas de la «Society of Friends» en Grove House (Tottenham). En 1855, impulsado en parte por motivos de salud, realizó un viaje a los Estados Unidos; luego llevó a cabo otro a Cuba. Aquí, su encuentro con el etnólogo Henry Christy señaló un decisivo cambio de rumbo en su vida. Llegado a México en compañía de aquél, realizó en este país prolongadas y atentas investigaciones etno­lógicas, cuyos resultados fueron publicados en el volumen México and the Mexicans (1861), al cual siguieron, pocos años después, las interesantes Investigaciones sobre la historia de la humanidad primitiva [Researches in the Early History of Mankind, 1865].

El nombre de Tylor, empero, se halla vinculado singularmente a la obra Cultura primitiva (1871, v.), texto aún hoy clásico y del cual recibieron gran impulso los estu­dios de historia de las religiones, etnología y folklore. En 1833 pasó a dirigir el Museo de la Universidad de Oxford, después ense­ñó antropología social en la misma entidad universitaria. Su concepción de la historia de las religiones se fundamenta en la teoría del animismo, principio no trascendental, por cuanto proviene de la razón humana. Cree que los pueblos primitivos, considera­dos por la ciencia contemporánea como pri­mera fase de la historia de la humanidad, debieron de inspirarse en el espectáculo mal comprendido de la vida según aparece en el estado de vela o durante el sueño; de tal suerte, este último ofrece la idea del alma, que la muerte transforma en el con­cepto de espíritu.

Otra tesis fue el paso del culto de los seres espirituales al de la naturaleza. El proceso alma-espíritu-Dios es utilizado por Tylor para la elaboración de su sistema: animismo-politeísmo-monoteísmo. La teoría tyloriana, rápidamente divulgada, fue aplicada quizá demasiado pronto al es­tudio de las civilizaciones clásicas. El ani­mismo puede tener una validez propia siem­pre que se renuncie a situarlo como teoría general adaptable a la historia de la huma­nidad y quede como principio particular aplicable limitadamente a ciertos pueblos primitivos. Sea como fuere, a Tylor corresponde el mérito del impulso y la amplitud confe­ridos a la etnología y al folklore, y el de la demostración de sus mutuas relaciones en la interpretación de la historia humana.

G. Cocchiara