San Paulino de Aquilea

Nació entre los años 730 y 740, quizás en el Friul y murió en Aquilea el 11 de enero de 802, vivió en aquel período que vio la ruina del reino lombardo y el advenimiento del dominio de Carlomagno, de cuya restauración religiosa, civil y cultural fue seguidor y colaborador. En la donación de tierras que le fue hecha por el rey franco en 776, se le llama «maes­tro del arte de la gramática», y tal magis­terio prosiguió también en la Corte impe­rial, donde permaneció desde 777 a 787, año en que fue designado patriarca de Aquilea, como sucesor del patriarca Sigualdo, digni­dad que conservó hasta su muerte. Como tal participó en 792 en el Concilio de Ratisbona, del que salió condenado Félix de Urgel (y contra Félix comenzó a escribir, en 798, un tratado teológico, por orden de Carlo­magno) y en 794 en el Concilio de Franc­fort, al que presentó un tratado sobre la Trinidad, el Libellus sacrosyllabus.

La pro­ducción literaria de P. comprende, además, una obra en prosa, el Libro de exhortación, recopilación de preceptos destinada a Erico, duque del Friul, y numerosas composiciones poéticas. Algunas de estas últimas están escritas en metros clásicos, según las reglas que inspiraron a los poetas del renacimiento carolingio. Pero los cantos por los que aparece Paulino todavía hoy fresco y genuino, y encuentra un eco en el espíritu de los modernos, son los ritmos que compuso abandonando el artificial hexámetro de es­cuela y los metros de las odas y siguiendo las leyes de la poesía popular (v. Poemas). Estos ritmos poseen importancia también en la historia de la música, porque representan los más vetustos momentos líricos profanos y sacros de la Edad Media que han llegado hasta nosotros con notación musical.

G. Vecchi