San Paulino de Nola

Nació en Burdeos en 353 ó 354 y murió en Nola el 22 de junio de 431, pasó a la historia con el nombre de Paulino de N. por haberse retirado primero a Nola como monje y haber sido consagrado obispo más tarde de la misma ciudad. Se llamaba Meropio Poncio Paulino y pertenecía a una familia antigua y noble, que poseía vastos territorios en Aquitania y en lejanas regio­nes: Fondi en el Lacio, Nola en la Campania, formaban parte del patrimonio. Paulino hizo sus estudios en Burdeos, y fue alumno predilecto de Ausonio, cuya fama logró superar en cierto modo, obteniendo éxitos en Roma que el maestro no había conseguido. De su ciudad natal, donde había comenzado el ejercicio de la abogacía, pasó Paulino a Roma, donde ingresó en la carrera de los honores: fue, entre otras cosas, senador y probable­mente en 378 «cónsul suffectus». El año siguiente asumió el gobierno de la Campania, residiendo habitualmente en Nola y haciendo ejecutar trabajos para la tumba de San Félix, cuyo culto le había conmovido, aunque todavía no era cristiano.

Vuelto más tarde a Aquitania, casó con la espa­ñola Terasia, que unía elevadas dotes mora­les a una gran riqueza. La vida común con Terasia, el cambio de condiciones políticas y la amistad de hombres de alta espirituali­dad como Delfín, Amando, Citricio, Mar­tín, Ambrosio, etc., despertaron en él el sentido religioso de la vida, y lo llevaron al bautismo, que recibió en 389 de Delfín. Se inicia así el período en el que gradual­mente va adentrándose en el espíritu de Paulino el deseo de una nueva vida. Al principio pasó a España, a causa de dolorosos suce­sos familiares; y en España, cuando una de las mayores alegrías — la de la paterni­dad — se trocó en el mayor dolor por la muerte de su hijo Celso a los ocho días del nacimiento, maduró en él y en Terasia la voluntad de retirarse del mundo. Comen­zaron por vender, aconsejados por Agustín y por Jerónimo, sus inmensos bienes a be­neficio de los pobres; hicieron voto de vida totalmente casta y decidieron después aban­donar España. Antes de que lo efectuaran, fue ordenado Paulino de sacerdote en Barcelona por voluntad del pueblo (Navidad de 393).

Finalmente, en 394, terminada la liquida­ción de sus bienes, partió hacia Italia, y pasando por Florencia y Roma se retiró a Nola. Allí inició una auténtica vida mo­nástica, entregado a la oración, a la peni­tencia, a la asistencia de los pobres, bajo la protección de San Félix, del que celebra todos los años la fiesta, el «natalicium» (14 de enero) con un poema en el que su cultura clásica daba forma a las voces cristianas de su corazón (v. Poemas). Visitas ilustres y correspondencia con las más in­signes personalidades de su tiempo (v. Epístolas) impulsan la vida de su retiro en Nola; atiende, además, a la restauración de viejos edificios y a la construcción de otros nuevos en torno a la tumba del Santo. En 409, por voluntad de los fieles, fue hecho obispo de Nola, y como tal defendió a su pueblo del ataque de los bárbaros.

G. Lazzati