Salomon Gessner

Nació en Zurich el 1.° de abril de 1730, murió en la misma ciudad el 2 de marzo de 1788. Hijo de un librero, estaba destinado a continuar el negocio pa­terno; pero iba de mala gana a la escuela y no sacaba provecho de ella, por lo que fue enviado a un pueblo de montaña en casa de un pastor protestante. Allí nacieron las primeras poesías de G., que se enamoró de la hija del pastor y escribió para ella las primeras anacreónticas.

A los dieciocho años volvió al hogar, y poco después fue enviado a Berlín a aprender el oficio pa­terno en casa de un conocido librero. Bien pronto se cansó de hacer de aprendiz y pre­firió frecuentar tertulias de literatos y artis­tas de toda clase; sobresalía mucho en el dibujo y se dedicó al grabado; para hacerse independiente trató de ganarse la vida con sus aguafuertes. Después de un viaje a Hamburgo donde conoció a Hagedorn, perdonado por su padre, volvió a Zurich en 1750, a tiempo de conocer a Klopstock (v.). Admitido en el círculo de los bodmerianos, publicó en su revista Criton sus pri­meras poesías en 1751; después, en 1754, el pequeño poema Dafnis (v. Amores pastori­les de Dafnis y Cloe) y en 1756 la primera serie de Idilios (v.), que debían proporcio­narle grandísima fama.

Mantuvo amistad con Gellert, con Ewald von Kleist y con Wieland, que sería más tarde suegro de su hija, y especialmente con su conciudadano Bodmer, que le estimuló a publicar el poe­ma La muerte de Abel (v. Abel). A partir de 1762 no escribió casi nada de poesía: se había casado, y la necesidad de proveer a las necesidades de la familia — tuvo tres hijos — le indujo a volver al arte más pro­ductivo del grabado. Ilustró muchos libros según el gusto de la época y siguiendo el canon estético de la imitación: imitación de la naturaleza y de los grandes maestros: consecuencia de ello fueron delicadas y afe­minadas escenas de idilio rococó, con cierta finura en los rasgos de paisaje.

Era muy estimado por sus conciudadanos, que lo nombraron superintendente de los bosques cantonales, un cargo que convenía al poeta de los idilios. Su lindo neoclasicismo era en el fondo totalmente de segunda mano; sin embargo, la delicada atmósfera rococó de sus poesías agradó muchísimo en su tiempo, especialmente en Francia y en Italia.

V. M. Villa