Nació en Utrera en 1573 y murió en Sevilla el 10 de agosto de 1647. Estudió Derecho en la Universidad de esta última ciudad y en la de Osuna; graduado aquí, gustó siempre de firmar «Licenciado».
Recibió órdenes sagradas y ejerció el sacerdocio durante veinte años en su población natal; luego marchó a Sevilla, donde se le confiaron los cargos de juez de testamentos, visitador del arzobispado y consultor del Santo Oficio.
Fue amigo de Pacheco, Rio ja, Quevedo y Juan de Robles. Apasionado humanista (formóse una pequeña biblioteca y también un reducido pero valioso museo de antigüedades) y buen traductor del latín, dejó pocas poesías, muy elaboradas, algunas en esta lengua y otras en castellano; entre éstas varios sonetos, una Silva a Carmona y sobre todo una canción que se ha hecho singularmente famosa, A las ruinas de Itálica (v.), poesía de gusto clásico y pensamiento pacientemente madurado.
En cuanto arqueólogo y numismático, escribió, entre otras obras, Antigüedades y principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla (v.), Relación de las inscripciones, Memorial de Utrera (1622) y Días geniales o lúdricos, en seis diálogos, que contiene inapreciables noticias sobre folklore hispalense.
G. Saveixi

