Roberto J Payró

Escritor argentino nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, en 1867 y murió en 1928. No llegó en sus estu­dios más que a cursar los de Enseñanza Se­cundaria. Periodista fecundo, trabajó para La Nación de Buenos Aires durante muchos años, después de haber fundado La Tribuna en Bahía Blanca (1888). Gran amigo de Rubén Darío, fue en política primero radi­cal y luego socialista, pues figuró entre los primeros argentinos que se incorporaron a dicho movimiento político. Muchos de sus trabajos están dispersos en los periódicos de su tiempo y bastantes de ellos fueron agrupados en volúmenes, como La Australia argentina (1898), En tierras del Inti (1909) y Crónicas (1909). Es un escritor de estilo llano y descuidado, con un intenso sentido del humor, maestro del costumbrismo hu­morístico, entroncado íntimamente con la tradición de la picaresca española. A este respecto, las obras maestras del novelista son: Pago Chico (v.) y Divertidas aventuras del nieto de Juan Mor eirá (v.); pero no quedan a la zaga las posteriores narraciones de Pago Chico y El casamiento de Laucha (1906), magistral visión picaresca del mun­do argentino de su tiempo, en plena evo­lución, víctima de la eterna plaga social del arribismo sin escrúpulos.

El realismo costumbrista de Payró ahonda a veces hasta alcanzar matices naturalistas, pero pierde en sentido del humor lo que gana en pro­fundidad, con lo que este aspecto del es­critor resulta menos trascendente. No dejan de tener interés literario sus novelas de tema histórico, cual El falso Inca, El capitán Vergara (1925) y El Mar Dulce (1927). Otras obras suyas son Ensayos Poéticos, Violines y Toneles (1908), Chamijo, Los teso­ros del rey Blanco, etc. Se le considera el fundador del teatro argentino de ideas por sus obras: Sobre las ruinas (1904), Marcos Severí (1905), El triunfo de los otros (1907), Vivir quiero conmigo (1923), Canción Trá­gica y Alegría; sin embargo, el interés del teatro de Payró no pasa de la iniciación. Su personalidad literaria, recia y fecunda, se basa esencialmente en sus novelas picares­cas, campo en el que brilla de manera sin­gular este gran novelista argentino.

J. Sapiña