Richard Lovelace

Nació en una acau­dalada familia de Woolwich (Holanda) en 1618 y murió en Londres probablemente en 1657. Soldado y poeta inglés del grupo de los «cavalier poets», figura entre los personajes más románticos y legendarios de la literatura británica. Formado en la Chartherhouse School y en la Gaucester Hall de Oxford, donde se graduó en 1636, parece haber disfrutado algún tiempo del favor de una gran dama cortesana de la reina Henriette. Ingresado en la carrera militar de acuerdo con la tradición de su familia, participó en las expediciones de los años 1639 y 1640 a Escocia y el Yorkshire. Leal partidario del rey, permaneció en la cárcel siete semanas luego de haber presentado en 1642 en el Parlamento y en nombre del con­dado de Kent una petición en favor del retorno del soberano.

Capitán de las fuer­zas reales en Holanda y Francia de 1643 a 1646, volvió a Inglaterra en 1648 después de haber sido herido en Dunkerque, tomó parte en la insurrección de Kent y estuvo de nuevo detenido por espacio de diez me­ses. Cuenta cierta leyenda que mientras tanto, creyéndole muerto, su novia contrajo matrimonio, y Lovelace, odiado por los puritanos, que le hicieron blanco de su persecución, y reducido a la pobreza tras la aportación de todos sus bienes a la causa del rey, ter­minó sus días en la oscuridad y el abandono. Sus versos, escritos en la cárcel o durante los ocios de la vida militar e inspi­rados en una mujer amada, Lucasta (iden­tificada por algunos con Lucía Sacheverel), resultan interesantes tanto para la historia de las costumbres como por su musicalidad y delicada agudeza, que revela la influen­cia de John Donne y de los marinistas ita­lianos. La más célebre de las poesías de Lovelace es A Altea, desde la cárcel (v.).

F. Mei