Raimondo Montecuccoli

Nació el 21 de febrero de 1609 en el castillo de Montecucolo (Módena) y murió en Linz el 16 de octubre de 1680. Inclinado al principio al sacerdocio y a los estudios clásicos, pasó después a Ale­mania, donde inició su larga carrera militar a las órdenes de su tío Ernesto, general en­tonces bastante conocido. Montecuccoli fue inicial­mente piquero y mosquetero en infantería, y dragón y coracero en caballería. La pro­longada guerra de los Treinta Años le ofre­ció ocasión de hacer carrera al servicio del Imperio. Ya capitán, en 1631 se distinguió en el asalto de la ciudad de Neubrandenburgo, donde fue el primero en escalar los muros y entregó las llaves a Tilly. Tras un breve período de prisión, fue herido en 1632 en la gran batalla de Lützen; en el forzado período de inactividad que siguió, escribió una canción dedicada al valeroso rey sueco Gustavo Adolfo, caído en la mis­ma batalla.

Cuatro años después, al mando de una brigada, supo cubrir brillantemente la retirada de los imperiales en Wittstok. Hecho prisionero por los suecos en 1639, permaneció tres años en cautividad: en este período reanudó el estudio de los clásicos en la biblioteca de Stettin y escribió el Trattato della guerra. Vuelto a Italia, gue­rreó en favor del duque de Módena contra los Famesios de Parma y alcanzó un esplén­dido triunfo en Nonantola. Al término de la guerra de los Treinta Años, está de nuevo en Alemania al servicio del emperador, y obtiene todavía varios éxitos militares contra los suecos. Viaja a continuación por Europa y lleva a cabo una refundición de su Trattato que se convirtió en Aforismos (v.). En este período tuvo un trágico acci­dente en Italia: en un torneo mató involun­tariamente a un queridísimo amigo suyo, Giovanni Maria Molza; se refugió entonces en Viena, donde contrajo matrimonio más tarde con Maria Josefina Dietrickstein, de la cual tuvo cuatro hijos.

Durante los años 1657-58 dirigió nuevamente con éxito a los imperiales contra los suecos que querían oprimir a Polonia y más tarde, siempre con­tra los suecos, luchó en favor de Dinamarca. En 1661 obtuvo el grado de mariscal de campo, y recibió el mando supremo en la guerra contra los turcos, a los que batió en Raab el 1. ° de agosto de 1664. Pocos años después publicaba un tratado, De la guerra del turco en Hungría (1670), que refleja precisamente las experiencias de esta cam­paña. En ocasión de la guerra de Holanda, Montecuccoli estuvo otra vez al frente de las tropas imperiales, que alcanzaron algunos éxitos en 1673. Renunció al mando el año siguiente por ciertas desavenencias; las tropas impe­riales fueron entonces batidas repetida­mente por Turena. Reintegrado a su puesto en 1675, después de la muerte de Turena consiguió todavía un brillante triunfo en la batalla de Altenheim. Posteriormente le fue conferido el título de príncipe del Im­perio. Se retiró del servicio cinco años antes de morir. Montecuccoli había sido preciado consejero del emperador Femando III no solamente para los problemas militares, sino tam­bién para los políticos; no hizo, en efecto, del arte de la guerra una cuestión exclusi­vamente técnica; tuvo más bien la conciencia clara de que la guerra es ante todo un hecho político.

R. Fabietti