Escritor y poeta cubano, nació en Manzanillo el 2 de noviembre de 1844, murió el 19 de marzo de 1905 en Bogotá. En su juventud fue aprendiz de tipógrafo, ocupación que dejó para estudiaren el Seminario de Santiago; más tarde abandonó sus estudios y se dedicó a la enseñanza privada y al periodismo. Su ardiente defensa de la independencia de Cuba le valió el destierro, pero siguió sirviendo a sus ideales a través de artículos periodísticos, y desde la dirección de Diario Cubano y La Revolución.
El 15 de noviembre de 1868 apareció en El País de La Habana su famoso artículo Laboremus, que, interpretado como secesionista, dio motivo a que, desde entonces, se denominasen «laborantes» a los cubanos partidarios de la revolución y la independencia. Colaboró también en periódicos extranjeros, tales como La Liberté de París, y se calcula que el número de sus artículos periodísticos no baja de los ocho mil. Tras la independencia cubana representó a su país ante los gobiernos de Francia y España, y en Colombia, donde había de desempeñar una meritoria labor cultural, fue académico de su correspondiente de la Lengua y secretario del presidente Núñez.
La característica de sus escritos, copiosísimos, fue el frío enjuiciamiento de los problemas que se proponía, expuestos con rigor e imparcialidad crítica, como lo prueban sus trabajos La honra de España en Cuba y La autonomía cubana, así como la serenidad de su Carta al señor Juan Valera sobre asuntos americanos. De entre sus poesías deben destacarse Emociones (Bogotá, 1899), y de sus ensayos, los ponderados Estudios críticos (v.).

