Pierre Loti

Seudónimo de Louis-Marie-Julien Viaud, que nació en Rochefort (Charente- Inférieure) el 16 de enero de 1850 y murió en Hendaya el 10 de junio de 1923. A los dieci­siete años empezó a navegar en el barco- escuela «Borda», y participó en numerosas expediciones a Oceanía, Japón, Senegal, Tonkín y China, aquí, contra los «boxers». Recibió el sobrenombre de «Loti» — que uti­lizaría como seudónimo literario — de sus compañeros, quienes se lo impusieron du­rante los primeros años de servicio a causa de su timidez (tal palabra es el nombre de una florecilla india modesta cual una vio­leta). Teniente de navío en 1898, capitán de fragata en 1899 y capitán de navío en 1906, se retiró en 1910, pero reanudó el servicio durante la primera guerra mundial.

Com­puso numerosas novelas, narraciones y co­lecciones de recuerdos e impresiones de viaje, entre las que destacan Azíyadé (1879), Raralnu (1880), obra editada nuevamente en 1882 con el título Las bodas de Loti (v.), Mi hermano Ivés (1883, v.), Pescador de Islandia (1886, v.), Madame Crisantemo (1887, v.), Aau Maroc (1890), Fantôme d’Orient (1892), Jérusalem (1894, La Galilée (1894), Le désert (1894), Ramuntcho (1897, v.), Les derniers jours de Pékin (1902), Vers Ispahan (1904), Les désenchantées (1906) y La Turquie agonisante (1913). Al período de la primera Guerra Mundial pertenecen La hyène enragée (1916) y L’horreur allemande (1918), violentos ataques contra los alema­nes; de 1920 es La mort de notre chère France en Orient.

Escritor fácil y apasio­nado, que disfrutó largamente del favor del público, evoca, más bien que describe, los paisajes exóticos, sumidos en un clima de tristeza, que alcanza también a los perso­najes. El amor a los países remotos o raros (Asia, por ejemplo, e incluso Bretaña) se une en Loti a una melancólica nostalgia de las civilizaciones y formas de vida en vías de desaparición (en Turquía, por ejemplo). Escribió, además, un drama, Judith Renaudin (1904), y tradujo en colaboración El rey Lear de Shakespeare. En 1891 ingresó en la Academia Francesa, donde ocupó el sillón que Octave Fenillet había dejado vacante; fue elegido en competencia con Émile Zola, lo que produjo la indignación de los parti­darios del maestro del naturalismo.

M. Pasquali