Paolo Paruta

Nació en Venecia el 14 de mayo de 1540, murió el 6 de diciembre de 1598. Hijo de Giovanni y de Chiara Contarini, pertenecía a una familia originaria de Luc- ca y de nobleza reciente. Estudió Teología y Jurisprudencia en Padua y más tarde, vuelto a Venecia, abrió en su casa una aca­demia de Filosofía política y moral que no duró mucho tiempo. Habiendo contraido matrimonio con una Morosini en 1565 y superada alguna oposición procedente de su demasiado reciente nobleza (tras haber des­empeñado una legación en Viena en 1563, había sido alejado de todo cargo hasta 1580), acabó por convertirse en una de las figu­ras más importantes de la política vene­ciana, especialmente a raíz de su famosa embajada en Roma, que duró de 1592 a 1595. Se dedicó Paruta en la corte pontificia, con ha­bilísima diplomacia, a favorecer la causa de Enrique IV de Borbón junto al papa Clemente VIII, dado que el monarca hugo­note parecía en Venecia el peón más segu­ro para contraponerlo a la política espa­ñola.

El pontífice se inclinó a escuchar al embajador veneciano, al que tenía gran esti­mación, y la conversión de Enrique IV hizo el resto. Después de un resultado tan bri­llante, consiguió Paruta el aplauso de su gobierno y el favor de los hombres de su tiem­po. En 1596, Venecia lo hizo procurador de San Marcos y posteriormente (después de haber sido elegido asesor de tierra firme, asesor de las mercancías, proveedor de im­puestos, proveedor de piensos, etc.) pare­cía llegado el momento de subir a la alta magistratura de Dux cuando sobrevino su muerte. Brillante personalidad de diplomá­tico y de político, dejó numerosos escritos que nos hablan de él y de su pensamiento mejor que cualquier biografía: intentó con­ciliar la moral con la política, dictando los principios del ciudadano modelo en el diá­logo De la perfección de la vida política (v.), escrito entre 1572 y 1578, y ambien­tado en la vida cultural de su tiempo (en Trento, en casa Curiano, entre nobilísimos interlocutores).

En los Discursos políticos (v.), al estudiar las causas de la grandeza y la decadencia de Roma, exaltó el buen gobierno veneciano como más en consonan­cia con la época en que se vivía. No tuvo, como los grandes historiógrafos florentinos, la agudeza del análisis ni la elegancia de estilo, aunque su Historia veneciana (1605, v.) —que le había encargado la Serenísima como continuación de la de Bembo, en 1573, después de haber recitado una famosa ora­ción fúnebre escrita para los caídos de Cur- zolari — alcanzó vasta fama en su tiempo. Comprende desde 1513 a 1551 en doce libros — los seis primeros escritos originariamente en latín, fueron redactados después en len­gua vulgar como los otros — y peca de partidismo apologético, como la subsiguiente Historia de la guerra de Chipre (v.), que va de 1570 a 1573 y fue escrita para exal­tar aquel famoso episodio de la historia veneciana. Paruta no poseyó un estilo brillante; pero sí una notable serenidad de juicio y una admirable rectitud de pensamiento. Son importantes la correspondencia y los despachos de Paruta: constituyen el testimonio de un carácter insólitamente rectilíneo en aquella época de guerras y de intrigas.

N. Rellini Lerz