P. Juan de Mariana

Escritor, historia­dor y polígrafo español, nació en Talavera, pero fue bautizado en La Puebla Nueva el 2 de abril de 1536, tal vez porque fue hijo de unos amores ilícitos entre Juan Martín Mariana, canónigo de Talavera y una vecina de la misma ciudad llamada Bernardina Rodrí­guez; murió el 16 de febrero de 1623. Se ha fantaseado sobre la ascendencia de Mariana y se ha dicho, sin fundamento, que su madre era francesa, pero actualmente tal suposi­ción está totalmente descartada; ya Balta­sar Gracián había dicho en El Criticón que Mariana era «español de cuatro cuartos, si bien algunos afectaban dudarlo». Concluidos sus primeros estudios, en los que puso de mani­fiesto una excepcional inteligencia, fue en­viado a la Universidad de Alcalá de Henares para cursar Artes y Teología. Allí ingresó en la Compañía de Jesús (1554) y tuvo como maestro de novicios a San Francisco de Borja. Recién fundado el colegio de la Compañía en Roma, fue designado para dic­tar en él las cátedras de Teología y Arte, cuando apenas contaba veinticuatro años. Recibió el grado de doctor en París, donde explicó teología durante cinco años, para regresar a España, enfermo, en 1574.

En 1578 recibió el encargo de informar sobre la presunta heterodoxia de la Biblia Políglota cuya edición dirigía en Amberes el sabio español B. Arias Montano. El juicio — favo­rable— de Mariana, expuesto en un informe cuya elaboración le llevó dos años de estudio, valióle tal reputación que, a partir de en­tonces, se le encomendaron otros trabajos parecidos, como la supervisión del Manual para la administración de los! Sacramentos, la reelaboración de las Actas del concilio diocesano de Toledo de 1582, y la redacción del índice expurgatorio de 1584. Mientras realizaba estos encargos, se puso a la tarea de escribir una historia de España monumental en treinta libros, que comenzó a aparecer en Toledo el año 1592 con el título Historiae de rebus Hispaniae Libro XXX, y cuya segunda mitad se editó en Maguncia en 1605. Entretanto se imprimió en Toledo la versión castellana de la obra, escrita en un lenguaje pulquérrimo, con el título de Historia general de España (1601) que abarca desde los orígenes de la historia peninsular — sobre la que admite muchas de las leyendas que circulaban en la época a propósito de los primeros pobladores —, hasta el período de los Reyes Católicos. «No me atreví a pasar más adelante y relatar las cosas más modernas — se justifica el autor — por no lastimar a algunos si se decía la verdad, ni faltar al deber si la disi­mulaba».

Se ha censurado a esta obra la ingenua aceptación de datos sin previa crí­tica, pero Mariana, que tiene por modelos a Tito Livio, Cicerón, Quintiliano y Tácito, repara menos en el método que en construir una gran historia compilando todos los datos existentes en su época, ciertos o fabulosos, para legarlos a los investigadores posterio­res, envueltos en un estilo bello, terso y ele­gante. Menéndez Pelayo (v.), en sus estudios de crítica histórica, dice de Mariana: «Vence a Mendoza y a todos los historiadores nues­tros el Tito Livio talaverano en la magnitud del plan; véncelos también en la sabiduría ética, que de cada suceso quiere sacar una máxima y una advertencia, pero esta con­tinua preocupación de política trascendental quita evidencia y precisión a la historia…» Mariana pretende obtener enseñanzas políticas de los hechos y, sobre todo, moralizar a partir de ellos, pero su historia, si no rompe del todo con la tradición clásica en la que se inspira, parece apuntar nuevos caminos. «,(Su) concepción singular de la historia — continúa Menéndez Pelayo en el mismo lugar — no es ya la concepción clásica, aun­que se dé mucho la mano con ella, ni es tampoco la moderna filosofía de la historia, aunque trasciende ya los límites de simple narración, sino cierto modo de historia ‘prag­mática’ que de lo pasado quiere sacar, ante todo, un ejemplo para lo porvenir».

Esta intención política que se manifiesta en la obra le inspiró a nuestro autor su De rege et regis institutione (Del rey y de la institu­ción real, v.), en la que defiende la libertad del pueblo, a cuyo servicio debe estar el rey, así como la licitud del tiranicidio cuan­do el monarca intente sojuzgar al pueblo en lugar de servirle. Esta obra fue conside­rada subversiva, al igual que el ensayo cuar­to de su Tractatus septem (v. Siete trata­dos), que le valió un proceso y una reclu­sión de un año, por criticar las medidas económicas que habían sido adoptadas por el duque de Lerma, entre las que figuraba la alteración de la ley de las monedas. A instancias del ministro, el rey procedió contra Mariana, y la Inquisición dictó auto de prisión, dando con él en una celda del con­vento de San Francisco de Madrid donde permaneció durante un año que duró el proceso. Su Tractatus septem (Siete en­sayos) comprendía:

1.De la venida de Santiago a España;

2.En torno a la edi­ción de la Vulgata;

3.Los espectáculos;

4.— Acerca de la alteración de la moneda;

5.El día de la muerte de Cristo;

6.So­bre los años de los árabes, y

7.De la muerte y la inmortalidad.

Su Discurso sobre las cosas de la Compañía le ha valido muy duras críticas y ha sido esgrimido por los enemigos de los jesuitas. No obstante, esta obra fue editada después de su muerte; pa­rece que el manuscrito que Mariana conservaba en su aposento cayó en manos extrañas al ser practicadas ciertas pesquisas derivadas de la instrucción de su proceso. La muerte sorprendió a nuestro autor trabajando en unos Escolios al Antiguo y Nuevo Testa­mento, obra de exégesis bíblica que se fun­daba en el texto de la Vulgata. Además de los libros aquí enumerados, de su corres­pondencia, de sus notas a la edición de las obras de San Isidoro, y de sus informes como consultor del Santo Oficio, se conser­van diez tomos como manuscritos de este autor.

D. Vidal