Oton de Frisinga o Frisia

Nació alrededor de 1114, de Leopoldo de Babenberg y de Inés, hija de Enrique IV de Franconia, y murió en Morimund (Borgoña) el 22 de sep­tiembre de 1158. Estudió en París, donde tuvo como maestros a Teodorico de Chartres y a Adán «del Pequeño Puente» y conoció las traducciones recientes de Aris­tóteles; entró después en el monasterio cisterciense de Morimund; pero cinco años más tarde fue nombrado obispo de Frisia. Participó en la segunda Cruzada, estuvo en Italia, se ocupó activamente de la reforma eclesiástica y de la fundación de monaste­rios; se vio obligado a mantener diversas controversias con feudatarios laicos y, aun­que estaba estrechamente emparentado con los emperadores Conrado III y Federico I Barbarroja, no desempeñó elevados cargos en la Corte, y acaso no aprobó siempre la línea política seguida por sus soberanos. Murió en su antiguo monasterio, y su fiel discípulo Rahevin compuso en su honor un largo elogio poético.

Los dos trabajos his­tóricos de Oton son Crónica (v.) o Historia de duabus civitatibus y Gestas del empera­dor Federico (v.); la primera es una de las habituales crónicas universales medievales en 8 libros (el último trata de la venida del Anticristo y del Apocalipsis final) modelada sobre el esquema agustiniano, pero con un mayor interés por los episodios temporales; son dignos de mención en ella los varios prólogos, que exponen las teorías historiográficas del autor, así como la parte relativa a la época más próxima a él. A señalar – también el hecho de que la obra, iniciada en 1143 y terminada en 1146, fue editada por decirlo así) por segunda vez diez años más tarde con adiciones y sobre todo con un prólogo que modifica sustancialmente la visión demasiado pesimista que antes predominaba en el texto; ello fue debido al advenimiento de su sobrino Federico al trono y a sus sucesores que llevaron al imperio a su edad de oro y parecieron consolidar la paz en Europa.

Con los mismos sentimientos emprendió la redacción de las Gestas, en cuyo primer libro se tratan brevemente los episodios alemanes e ita­lianos desde los tiempos de Enrique IV, y en el segundo las empresas de Barbarroja de 1152 a 1156, sobre la base de una sucinta relación enviada por el mismo soberano y antepuesta a la obra. En resumen, Oton es un historiador concienzudo y exacto, no de­masiado partidista, aunque dé siempre a entender cuáles son sus ideales religioso- políticos, y dotado también de notable ca­pacidad de exposición, aunque sus retratos dependan demasiado de modelos clásicos; y constituye una fuente muy preciosa por haber tenido la posibilidad de narrar casi siempre cosas que había visto u oído de testigos oculares.