Nikolaus Lenau

Seudónimo de Nikolaus Niembsch von Strehlenau, que nació el 13 de agosto de 1802 en Csatád, cerca de Temesvár (Hungría), y murió el 22 del mismo mes de 1850 en Oberdöbling, junto a Viena. Pertenecía a una antigua familia noble procedente de Silesia y al servicio, desde hacía ya un siglo, de la casa de Austria, a la que proporcionara muchos funcionarios y militares. La infan­cia de Nikolaus fue muy desgraciada; su padre, vicioso y jugador, falleció cuando el niño no contaba aún los cinco años, y dejó a la viuda y a los tres hijos en difícil situa­ción material. Las penalidades y el ambiente aumentaron la natural melancolía del mu­chacho, quien manifestaba ya un tempera­mento reflexivo; únicamente la música (to­caba bien el violín) sacábale de su tristeza. A los diecisiete años se matriculó en la Universidad de Viena, con el fin de estudiar filosofía; luego, empero, dedicóse al estudio del Derecho y más tarde al de la agricul­tura. Volvió todavía a las leyes, y, final­mente, pasó a la medicina.

Tales cambios de facultad no suponían falta de interés, antes bien afán de saber. Mientras tanto, empezó a escribir las primeras poesías en la línea de la tradición clasicista, y se re­lacionó con la mayoría de los literatos vieneses. En 1830 la muerte de su abuela paterna le hizo heredero de un pequeño patrimonio que le permitió pensar de nuevo en su antiguo propósito de emigrar a Amé­rica, con la esperanza de encontrar allí otras condiciones de vida susceptibles de librarle de la tristeza y el descontento que siempre le dominaron. En junio de 1831 salió de Austria y dirigióse a Stuttgart, donde pro­puso al editor Cotta la publicación de sus poesías, entre las cuales figuraban los Can­tos de las cañas (v.). Aquí frecuentó a Uhland y otros literatos suavos, y enamoróse de una dulce muchacha, a la que, sin embargo, renunció, aun viéndose correspon­dido, para no condenarla a su inquietud y a su melancolía. Estudió durante algunos meses en la Facultad de Medicina de Heidelberg, resuelto definitivamente a graduar­se; no obstante, la fiebre de la emigración no le dejó el tiempo necesario; partió de Amsterdam en el verano de 1832 y desem­barcó en Baltimore a mediados de octubre.

Sin embargo, la nostalgia, la monótona tris­teza del paisaje, las dificultades materiales y la escasa poesía de la nueva existencia cansaron al poeta, quien no resistió ni un año la permanencia en los Estados Unidos; en junio de 1833 llegaba a Bremen. Mientras tanto, sus Poesías (v.), publicadas precisa­mente poco antes de su marcha, le habían hecho famoso en Alemania. En adelante vivió consagrado exclusivamente a la acti­vidad poética. Establecióse de nuevo en Viena, pero llevó a cabo frecuentes viajes a Suabia en pos de los amigos. Su amorosa amistad con la joven dama Sofía von Lowenthal resultóle entonces una fuente de inspiración. Lenau compuso aquellos años mu­chas poesías, entre ellas algunas de sus Baladas más célebres, empezó un Faust y escribió los poemas Savonarola (v.) — que junto con otros dos, jamás realizados, debía integrar un ciclo sobre los grandes rebeldes de la Iglesia, hacia quienes el poeta, siquiera todavía dentro del catolicismo, manifestaba ya simpatías — y Los albigenses (v.), el cual, en cambio, marca ya su alejamiento defini­tivo de la religión.

Las últimas obras de nuestro autor son los Cantos del bosque (v.) y el poema dramático Don Juan (v.), dejado incompleto. Nuevamente enamorado, esta vez de una joven burguesa de Francfort, todo hizo prever un matrimonio. En otoño de 1844 se produjeron los primeros síntomas de locura, junto con arrebatos de furor e intentos de suicidio. El poeta hubo de ser internado en un manicomio cercano a Stutt­gart. Tres años después, con la esperanza de una mejora, fue trasladado al de Oberdobling; sin embargo, sus condiciones em­peoraron progresivamente, y el enfermo per­dió por completo, en los últimos tiempos de su dolencia, la capacidad intelectiva. El trá­gico destino de Lenau quedó señalado ya en el mismo principio de su labor poética por la profunda melancolía de sus versos. Nuestro autor ha pasado a la historia de la poesía como el cantor del «Weltschmerz», o sea del dolor universal.