Marin Mersenne

Nació en Oizé (Sarthe) el 8 de septiembre de 1588, murió en París el 1.° de septiembre de 1648. Terminados sus estudios en el Colegio de La Flèche entró en la Orden de los Mínimos. La notoriedad de su nombre está todavía hoy injustamente vinculada casi sólo a su amistad con Des­cartes. En realidad, Mersenne es mucho más que el «hombre de Descartes» y ocupa un puesto propio en la gran revolución científica e intelectual del siglo XVII. En contacto con todos los más conocidos científicos y filó­sofos de la época, sirvió de punto de unión entre ellos. De un grupo que reunió en torno suyo (E. Pascal, Mydorge, Hardy, Roberval, abate Chambón, Pailleur, Montholon) nació la Academia Parisiensis, primer núcleo de lo que después será la Académie des Sciences. Su ideal fue siempre la fun­dación de una Academia internacional (bajo el patronazgo del papa y de los príncipes cristianos) que reuniera a teólogos, filóso­fos, juristas, físicos, químicos, etc. Insigne musicólogo, trató de la música antigua y moderna en sus diferentes aspectos : Les préludes de l’harmonie universelle (1634); Armonía universal (1636-37, v.), en la que, entre otras cosas, hace suya la teoría de la subjetividad de las cualidades sensibles.

Realizó investigaciones sobre instrumentos musicales, y proyectó la construcción de órganos portátiles; sus experimentos sobre cuerdas vibratorias y tubos sonoros han per­mitido descubrir y enunciar leyes precisas que durante cerca de tres siglos han figurado con su nombre. Las Quaestiones celeberrimae in Genesim (1623) tratan de cuestiones de filosofía, astronomía, cosmo­logía y música. En L’impieté des déistes et des plus subtils libertins découverte et réfutée par raison de philosophie et de théologie (1624), refuta el «libertinaje intelec­tual y especialmente a Bruno («ruin autor») y a Charron; y combate también el escep­ticismo en La vérité des sciences contre les sceptiques ou Pyrroniens (1625), en la que, antes que Descartes, recurre a la evidencia inmediata, demostrando que la duda de los escépticos se destruye a sí misma, desde el momento en que quien duda de todo sabe por lo menos con certeza que duda. Reco­pila y reedita las principales obras de los matemáticos antiguos en la Synopsis mathematica (1626; reimpresa en 3,644 con el título Universae Geometriae mixtaeque mathematicae synopsis).

De los restantes es­critos pueden citarse la traducción de la mecánica de Galileo (Les méchaniques de Galilée, 1634). Mersenne mantuvo correspondencia con el gran científico italiano, del que fue admirador, y contribuyó ampliamente a di­fundir y a hacer que se aceptaran sus teo­rías en Francia. Como ha sido demostrado por estudios recientes (Lenoble), la activi­dad científico-teológica de Mersenne figura en la «naissance du mécanisme». Entre las filo­sofías del siglo XVII — el aristotelismo y el cartesianismo — figura una tercera, el naturalismo del Renacimiento (Pomponazzi, Bruno, Cardano, Paraeelso), que se funda en el viejo principio mágico del Alma del mundo, con grave daño para la religión y para la ciencia. Mersenne, como Galileo y Roberval, combate la magia y el animismo, e instaura un nuevo mecanismo distinto al de Descartes, es decir, «lee la naturaleza con la regla matemática». Mersenne, además, sin­cero y creyente, inserta en él el motivo apologético de la justificación del «mila­gro», el cual, precisamente porque es una derogación de las leyes naturales, supone la existencia de éstas, sin las cuales no existiría; por lo tanto, salvar las leyes naturales significa salvar el milagro.

Está convencido de que la nueva física mecanicista ha de ser una garantía más segura para las leyes de la naturaleza que lo ha­bía sido la física aristotélica. Así contri­buyó Mersenne al nacimiento de la física moderna o cuantitativa, como descripción de la natu­raleza fenoménica según la regla matemá­tica, sin edificarla sobre sistemas filosófi­cos. Con toda justicia, la doctrina de Mersenne ha sido denominada un «empirismo crítico».

M. F. Sciacca