Manuel José Othon

Poeta mexicano nacido en San Luis Potosí (1858-1906). Abogado y juez, vivió en ambientes rurales su vida de funcionario y de poeta lírico. Ponderado y sereno, volcó la delicadeza de su alma en su profesión y en sus versos; hombre íntegro de hogar, tuvo sus desvíos y de ellos salió una de sus más bellas y vaporosas producciones: Idilio salvaje. De sus Poesías (1880) a sus Poemas rústicos (1902) hay la distancia del balbuceo a la plenitud. Es el poeta del campo, pero sin bucolismo; nos evoca los mejores aspectos de Virgilio y de Garcilaso. Podría haberse adelantado a An­tonio Machado para preguntar: ¿soy clásico o romántico? y concluir que prefería dejar su verso famoso por la pluma que lo for­jara. Y quizás la cita de Machado no re­sulte inoportuna por el posible paralelo de estas dos almas tan grandes, tan nobles y tan líricas.

Quizás Othon no haya sido estimado debidamente aún, pues sólo hace algunos años que se le estudia y se le revalora; pero el autor del Idilio salvaje, del Himno de los bosques y de la Noche rústica de Walpurgis es un poeta que no está por debajo de López Velarde ni de González Martínez, y sus sonetos son algo excepcio­nal en la poesía castellana de América (v. Obras completas de Othón). Sus intentos narrativos tienen menor interés, así como su teatro: Después de la muerte (1883), Lo que hay detrás de la dicha (1886) y El últi­mo capítulo (1905). Un día, en una reunión, lo tomó Díaz Mirón del brazo y le dijo: Vámonos: tú y yo somos los más grandes poetas de América. Lo hiperbólico de la frase afectaba más sin duda al soberbio Díaz Mirón que al modesto y extraordinario poeta Othon, uno de los grandes valores de la lírica americana.

J. Sapiña