Nació el 13 de mayo de 1786 en el barrio judío de Francfort del Main y murió el 12 de febrero de 1837 en París. Su nombre de origen fue Löb Baruch.
Estudió ciencias políticas y medicina, y en Berlín frecuentó a Henriette Herz y Rahel Varnhagen, y experimentó la influencia racionalista de Moses Mendelssohn. Luego, cuando bajo el poder napoleónico se vieron libres los hebreos de Francfort de las restricciones y cargas que eran todavía el recuerdo vivo del ghetto medieval, obtuvo, en 1811, el cargo de actuario de policía; sin embargo, perdiólo a causa de su religión una vez restablecidas con la Restauración las antiguas leyes.
En 1818 Löb Baruch pasó al protestantismo, y a partir de entonces se denominó Ludwig Börne. Forzado a cambiar de profesión, dedicóse a la actividad literaria, que inspiró siempre en un afán de justicia y libertad, pasional reivindicación de un espíritu oprimido; un genuino amor a la verdad y una sinceridad impetuosa constituyen los rasgos más fascinantes de su temperamento.
Fundó la revista Zeitschwingen (Offenbach del Main, 1817), y, suprimida ésta, otra, Die Waage (Francfort, 1818-21); para ellas escribió sobre temas literarios y estéticos, entre cuyas líneas asomaba la situación política del momento. En 1830 Börne emigró a París, donde había estado ya en 1819 como corresponsal del Allgemeine Zeitung; a partir de entonces volvió a la patria una sola vez, en ocasión de la asamblea democrática de Hambacher Fest, que pedía una alemania libre.
Fue el primer representante en su país de una «literatura comprometida», en contraste polémico frente al clasicismo y el romanticismo alemanes. Opuso al criterio estético el político, lo cual dio a sus juicios críticos un carácter tendencioso; en su opinión, la literatura, despertada como la Bella Durmiente en el bosque del romanticismo, había de convertirse en consciente instrumento de lucha para el progreso político, social e intelectual.
También la forma de su prosa aparece vinculada a sus objetivos progresistas; cuanto compuso presenta un carácter periodístico y folletinesco, y su estilo, vibrante de humorismo polémico y de vivacidad satírica, resulta claro y elegante.
En sus Cartas de París (1832, v.) y en las Nuevas cartas de París [Neue Bríefe aus París, 1833-34] se dan páginas donde el periodismo elevase a una verdadera forma de arte literario: así ocurre, por ejemplo, en los reportajes sobre la revolución de Julio en Francia o las polémicas contra la frivolidad de Heine o el chauvinismo de Wolfgang Menzel.
U. Seelmann Eggebert

