Lucio Victorio Mansilla

Escritor ar­gentino; nació en Buenos Aires en 1831 y murió en París en 1913. Hijo del general del mismo nombre y sobrino del dictador Rosas, pasó buena parte de su juventud en el extran­jero, primero, en ocasión de un viaje a la India, que aprovechó para visitar el Medio Oriente e Inglaterra; después, con motivo de la caída de Rosas, pues acompañó a su padre en la emigración y se estableció con él en París. Defendió primero la causa de la Confederación y fue diputado; preconizó después desde la prensa una política de concordia con la Confederación desde Bue­nos Aires y acabó asistiendo como capitán y secretario del general Emilio Mitre a la batalla de Pavón. Su valentía en la guerra con Paraguay le valió el grado de coronel. Llegó a general de división en 1890, desem­peñó algunas misiones diplomáticas y acabó su vida en París, cuando ya la ceguera lo obligaba a dictar.

En 1869, cuando era co­ronel, Sarmiento le confirió el mando de la zona fronteriza de Río Cuarto, donde tuvo ocasión de realizar una labor de pro­funda penetración entre los indios y llegó a arriesgar su vida en incursiones de paz, con una pequeña escolta: su obra fue fecunda, pero más interesante resultó la expresión literaria de sus trabajos en su producción más importante: Una excursión a los indios ranqueles (v.). Mansilla fue un pe­riodista incansable, político, militar y hom­bre de letras: entre sus defectos, podemos señalar la vanidad y la pedantería; entre sus virtudes, la sinceridad y el talento. Suele hablar siempre en primera persona; está satisfecho de sí mismo y de su elegancia; es un buen conversador; su «yo» aparece dominador en sus Entre nos: «causeries» de los jueves (1889-1890), Retratos y recuerdos (1894), donde figuran espléndidas siluetas de los políticos de la Confederación, y en Mis memorias (1911), que no pasaron de sus tiempos infantiles.

Publicó también otra clase de trabajos, además de diversas tra­ducciones y algunos intentos de teatro (Una Tía, 1864, y Atar Gull, 1864): unos Estudios morales (1864) y un ensayo de pretensiones histórico-psicológicas sobre Rosas (1898). Pero después de su espléndido libro sobre los indios ranqueles, clásico en las letras argentinas, las páginas más interesantes de este elegante, pretencioso y afrancesado ar­gentino las encontramos en sus «Causeries» de los jueves, que hemos citado ya, aunque su suficiencia lo lleve muchas veces al des­cuido literario.

J. Sapiña