Katherine Mansfield

Seudónimo de la es­critora Kathleen Beauchamp Murry, que nació en Wellington (Nueva Zelanda) el 14 de octubre de 1888 y murió en Fontainebleau (Francia) el 9 de enero de 1923. Pasó la mayor parte de su infancia en Karori, pequeña ciudad situada no lejos de Welling­ton, y a los catorce años fue enviada a In­glaterra, donde frecuentó el Queen’s College de Londres. Luego volvió, en 1906, a Nueva Zelanda. Ya cuando niña empezó a mani­festar un talento vivo y la conciencia de una libertad moral que habían de imprimir en su obra narrativa el sello de una profunda originalidad. Después de haber perma­necido en el hogar durante dos años, obtuvo de su padre una modesta asignación que le permitió residir de nuevo en Londres, siquiera pobremente.

En 1909 contrajo ma­trimonio con George Bowden, de quien muy pronto se divorciaría, y dos años más tarde publicó su primer libro de narraciones, In a Germán Pensión (1911), revelador de una personalidad compleja y de difícil defini­ción, así como de un estilo original en el que se advierten acusadas influencias de Chejov. Las sucesivas colecciones de cuen­tos, Felicidad (1921, v.), Garden-Party (1922, v.), La casa de muñecas (1922, v.) y El nido de palomas y otros cuentos (1923, v.), la impusieron rápidamente a la atención de la crítica y del público como uno de los mayores talentos narrativos de la época. En 1918 unióse al célebre crítico inglés John Middleton Murry, que escribiría una de sus más cariñosas biografías (1949); sin em­bargo, este vínculo resultó asimismo tem­pestuoso, y conoció frecuentes y prolongadas separaciones. Junto a John permaneció Mansfield hasta el final en Francia, donde su nombre llegó pronto a ser famoso en los círculos literarios, sobre todo por su amistad con F. Careo; y bajo el sol meridional buscó remedio a la tuberculosis, que, no obstante, a los treinta y cinco años, en el apogeo de la madurez artística, truncaría su existencia.

Se ha dicho que, como ocurrió con Keats, la sutil dolencia puede considerarse una de las razones de su particular visión del mun­do, dominada por una sensibilidad finísima que la inclina a entregarse con todas sus fuerzas al instante presente, que la escritora analiza con una vigilancia y una seguridad extremadas. Ello dio a su Diario (1933, v.) y a sus cartas (The Letters of Katherine Mansfield, 1934), textos publicados póstumos, y también a su poesía y a su obra narrativa, el carácter singular fruto de una compleja e interesan­tísima personalidad de mujer y escritora.

A. Rizzardi