Lucien Lévy-Bruhl

Nació el 10 de abril de 1857 en París, donde murió el 13 de marzo de 1939. Luego de haber consagrado sus pri­meros estudios a problemas de moral e his­toria de la filosofía, experimentó intensa­mente la influencia de Émile Durkheim (v.), siquiera orientase de acuerdo con una direc­ción muy personal sus estudios de sociolo­gía. En 1884 publicó un primer trabajo sobre L’idée de la responsabilité; más tarde, en 1890, inclinóse a la filosofía de Leibniz, a la cual dedicaría una serie de cursos en la Escuela Normal Superior después de la primera guerra mundial. Dos libros, L’Allemacne depuis Leibniz (1890) y La philosophie de Jacobi (1894), demuestran el influjo que el pensamiento alemán ejerció conti­nuamente en el espíritu de Lévy-Bruhl Como Rauh y Gustave Belot, tendió sobre todo a distinguir la moral de la metafísica y a orientarla hacia una experiencia susceptible de ofrecer normas objetivas de conducta. Superó in­cluso los resultados obtenidos por sus con­temporáneos, por cuanto en Morale et Scien­ce des moeurs (1903) no vaciló en defender la existencia de hechos morales regulados por leyes tan fuertes como las que rigen los fenómenos físicos y biológicos.

En con­secuencia, dejó ya de considerar la moral como una ciencia con normas y destinada a determinar los imperativos a que todos los hombres se hallan sujetos, y juzgóla arte del comportamiento, de carácter «práctico racional», y vinculada a una rama de la sociología: la ciencia de las costumbres. Por otra parte, Lévy-Bruhl no tardó en reflexionar acerca de otro problema: el de las raíces sociales de la razón. En una serie de densos estudios Durkheim había hecho resaltar la sociabilidad humana: si el hombre es un animal racional a causa de su vida en sociedad y de su elaboración de conceptos generales en cuanto colectivos, puesto que, forzado a comunicar sus ideas a otros seme­jantes, debe analizar y descomponer su propio pensamiento, ¿por qué no afirmar, entonces, que la estructura del grupo deter­mina la del pensamiento, de suerte que a la mentalidad del ser humano civilizado corresponde la cohesión lógica de un espíritu sensible a cualquier contradicción, sometida al principio de la razón suficiente (concepto ya examinado por Leibniz), en tanto a la del primitivo se opone otra que admite el absurdo y descubre participaciones miste­riosas entre los seres y los mismos objetos? Dicha distinción, expuesta en Les fonctions mentales chez les peuples inférieurs, cuya primera edición apareció en 1922, y justifi­cada por gran número de hechos cuidado­samente reunidos e interpretados con extre­mada sutilidad, quedaría precisada en una serie de otras obras, entre las cuales cabe mencionar La mentalidad primitiva (v.) y L’áme primitive.

Lévy-Bruhl estudia en ella los mitos que vinculan al concepto de «partici­pación», del que examina los distintos aspectos. Sin embargo, no se hallaba comple­tamente satisfecho de su interpretación de un número cada vez mayor de experiencias; y así, la preocupación por la objetividad, ya revelada en 1900 en un libro en que manifestara su admiración hacia el jefe de la escuela positivista (La philosophie d’A. Comte), llevóle a someter a un examen y una crítica muy rigurosa el criterio de «par­ticipación». En una obra póstuma (Cahiers intimes de Luden Lévy-Bruhl) parece me­nos preocupado por la contraposición de las dos formas de mentalidad que por las ana­logías y puntos de contacto susceptibles de ser descubiertos en ellas. A la muerte de Th. Ribot asumió la dirección de la impor­tante Revue philosophique, misión que des­empeñó hasta el fin de sus días. Profesor en la Sorbona y director de la Escuela Normal Superior, ha influido profundamente en la juventud francesa.

J. Chaix-Ruy