Fran Levstik

Nació el 28 de septiembre de 1831 en Spodnie Retnie y murió el 16 de diciembre de 1887 en Liubliana. Es una de las principales figuras de la literatura eslo­vena del s. XIX, Realizó los estudios de segunda enseñanza en esta última población, aun cuando no superó el examen final. Ya en sus tiempos de estudiante se distinguió en la actividad literaria con algunas lozanas poesías. En 1854 publicó su primera colec­ción de versos, y este mismo año, falto del título necesario para matricularse en la universidad, resolvió ingresar en el semina­rio. Fue asignado al colegio germánico de Olomouc, donde aprendió el checo y tra­dujo (1885) los famosos manuscritos apó­crifos de Králové Dvor. Mientras tanto, su volumen de poesías había suscitado en su patria, junto al entusiasmo de la juventud, el desprecio de los ambientes conservadores. Confiscado el libro, el joven autor fue pues­to ante la alternativa que suponía el repudio de su propia obra o la renuncia a la carrera eclesiástica.

Levstik abandonó el seminario, y marchó a Viena, donde siguió los cursos del gran eslavista Mikloshich; luego volvió a pie a su patria. Ganóse la vida mediante muy diversas ocupaciones. Durante algún tiempo actuó como profesor particular en Sveti Krij, junto a los condes Tum, y luego fue secretario de la sala de lectura eslovena de Trieste (1861-62). Las experiencias sen­timentales y las vicisitudes de la lucha por la existencia proporcionaron por aquel en­tonces a Levstik un abundante material para la actividad poética. Dedicó algunas compo­siciones líricas amorosas primeramente a cierta Tonka Zidarieva, y luego a Franka Koshirieva. En 1858 diose a conocer como prosista con la narración Martín Krpan de Vrh (v.), en la cual se apoya todavía gran parte de su fama. Vuelto a Liubliana desde Trieste, introdújose plenamente en la vida cultural eslovena, de la que llegó a ser uno de los principales organizadores. En 1885 viose atacado por una grave enfermedad. Pasó los últimos años de su existencia en medio de penosos sufrimientos y buscando consuelo en Dios.

R. Picchio