Lorenzino de Médicis

Nació el 23 de marzo de 1514, de Pierfrancesco, perteneciente a una rama menor republicana de los Médicis, y de una Soderini, de familia democrática; murió en Venecia el 5 de febrero de 1548. Pasó toda su vida obsesionado por el com­plejo de inferioridad de pariente pobre. Extenuado y enclenque, se entregó a los estudios, y el deseo de darse a conocer le impulsó a cometer una primera locura en la corte de Clemente VII: la decapitación de algunas estatuas antiguas, a las que sin embargo admiraba. Expulsado de un modo ignominioso, se refugió junto a su primo Alejandro, primer duque de Florencia, bru­to, hercúleo y mujeriego, de quien se con­virtió en un Rigoletto, un bufón, el com­pañero de orgías, el rufián del duque, a quien odiaba más cuanto más se degradaba, tras una máscara de cínica mofa. El odio fue su inspirador, el ansia de una venganza que lo rehabilitara y lo transfigurara en un héroe mediante el tiranicidio. El pequeño Yago hizo el doble juego entre el duque y los emigrados republicanos; pero no llegó a un acuerdo con éstos y realizó por sí solo su designio.

En la noche de Epifanía de 1537 atrajo a una emboscada en su casa a su primo, con el cebo de una cita con su bella tía Caterina Ginori. Después de quitarle la espada, le atacó con la ayuda de un sicario, quien le atravesó la garganta mientras la víctima apretaba entre sus dientes la mano del traidor. Lorenzino se ensañó todavía en el agonizante y después escapó de la ciudad refugiándose en Bolonia en casa de Filippo Strozzi, jefe de la oposición oligárquica. Pero esta oposición anduvo vacilante en la acción, y Cosme, sucesor de Alejandro, la aplastó en Montemurlo: Filippo se mató en la cárcel y Lorenzino, perseguido por la venganza de Cosme, se refugió en Constantinopla y pasó luego a París y de allí a Venecia. Enamorado de la hermosa Barozzi, olvidó la prudencia y, asaltado de noche por dos sicarios, Bebbo y Cecchino di Bibbona, protegidos por el embajador de España, fue degollado por ellos delante del palacio de su dama. En su Apología (v.) adopta la actitud de libertador, demostrando con férrea lógica que Alejandro era un tirano y que debía ser muerto.

Para este fin, incluso el engaño era meritorio, ya que, además, Alejandro era bastardo por haber nacido de mujer casada amante de Lorenzo de Urbino y no ser legalmente un Médicis. La llama del odio brilla bajo la lógica y la ironía, en páginas que derivan de las mejores tradiciones maquiavélicas y guicciardinianas, pero que, aunque nos muestran un escritor auténtico, no sirven para rehabilitar a su desgraciado autor. Lorenzino había revelado ya seguras dotes literarias en una comedia juvenil: Aridosia (v.)