Leopoldo Lugones

Poeta argentino; nació en Río Seco, provincia de Córdoba, en 1874 y puso fin a su vida en 1938. Se trata de una de las figuras líricas más vigorosas de Hispanoamérica. Pasó la niñez y la adoles­cencia en su tierra natal, y tras breve tem­porada en Santiago del Estero, se estable­ció en Buenos Aires en 1895. Apasionado socialista en su juventud, evolucionó pronto hacia un nacionalismo que adquirió en poco tiempo caracteres de individualismo anti­democrático, con toda la violencia propia de su carácter. Su poesía es en conjunto esencialmente modernista, con frecuentes sonoridades épicas y diversas modulacio­nes parnasianas, y con influencias de Baudelaire y de Poe, de Hugo y de Withman, según la época, el momento o el tema. Su «verbalismo» corre a la par de su musi­calidad y de su pasión por la metáfora.

Tras algunos empleos menores, llegó a la dirección de la Biblioteca Nacional de Maes­tros. Colaboró en La Nación y obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1926. Hizo varios viajes a Europa y residió en París de 1911 a 1914. Sus ideas políticas de juven­tud se reflejan en su primer libro de ver­sos: Las montañas de oro (1897), donde expone su fe en el porvenir socialista del hombre (v. Poesías). Aparte la obra citada, publicó otros nueve libros de poesías, titu­lados: Los crepúsculos del jardín (1905), Lu­nario sentimental (1909), Odas seculares (1910), El libro fiel (1912), El libro de los paisajes (1917), Las horas doradas (1922), Romancero (1924), en el que no todo son romances; Poemas solariegos (1927) y Ro­mances de Río Seco (1938), póstumo. Si Lugones puede ser considerado en el modernismo como segundo de Rubén Darío, quien cele­bró calurosamente la aparición de su colega, éste tiene en su haber singulares anti­cipaciones de las tendencias poéticas pos­teriores al modernismo, aunque siempre derivadas de él.

El prosista no llega a la altura del poeta, pero tiene también un gran interés y está muchas veces influido pode­rosamente por el temperamento lírico del autor. El imperio jesuítico (1904), obra de carácter histórico, significa ya en el fondo un intento de revisión de su posición polí­tica anterior; los veintitrés relatos historicopoéticos de su libro La guerra gaucha (1905) son una afirmación nacionalista en la que rinde culto al estetismo que lo obse­siona, con un manejo personal y singular del lenguaje. Y las condiciones del narra­dor, que aquí apuntan, se concretan esplén­didamente en los cuentos fantásticos de Las fuerzas extrañas (1906), en los Cuentos fa­tales (1924) y en la novela fantástica El ángel de la sombra (1926). Verdaderos en­sayos críticos son El payador (1916) y Di­dáctica; intentos biográficos bien logrados resultan su Historia de Sarmiento (1911) y su Elogio de Ameghino.

Pero su obra es mu­cho más copiosa, sembrada unas veces por los periódicos y concretada otras en numerosos estudios polémicos, técnicos, políticos o puramente estéticos: Piedras luminares, El ejército de la Ilíada, Prometeo, La reforma educacional, Mi meligerancia, Las industrias de Atenas, El tamaño del espacio, Acción, Estudios helénicos, La organización de la paz, La torre de Casandra, La patria fuer­te, La grande Argentina, Política revolu­cionaria y el estudio histórico incompleto y póstumo titulado Roca. Pese a todo, po­demos concluir sin hipérbole que Lugones es el más excelso lírico argentino y uno de los grandes poetas de Hispanoamérica.

J. Sapiña