Lafcadio Hearn

Nació en la isla de Leucadia, en el mar Jónico, el 27 de junio de 1850, y m. en Tokio el 26 de septiem­bre de 1904. Hijo de una griega y de un médico militar inglés que, enviado a las Indias Occidentales, dejó en Dublín a la esposa y al hijo, fue confiado a una tía paterna, la cual, deseosa de llevarle a la carrera eclesiástica, le hizo estudiar en va­rias escuelas parroquiales. H. poseía un acusado complejo de inferioridad, debido singularmente, según parece ser, a su in­tensa miopía. En 1869 marchó a Nueva York, donde se ganó la vida trabajando en los restaurantes. Luego, en Cincinnati, consiguió ingresar en 1873 en The Cincinnati Enquirer, del que pronto llegó a ser cronista; pero sus relaciones íntimas con una mulata provocaron un escándalo que le hizo perder el empleo.

Admitido en The Commercial, fue despedido en 1877, y tras siete meses de privaciones pudo ingresar en el Item de Nueva Orleáns. En 1881 empezó a trabajar con un buen sueldo para The Times-Democrat, para el cual escribió artículos de fondo y sueltos para los números dominicales, en los que frecuentemente publicó traduccio­nes del francés y del español en un exquisito estilo literario cada vez mejor (H. es, po­siblemente, el único estilista norteameri­cano). A partir de 1885 sus textos aparecie­ron en las revistas de Nueva York, en 1887 The Harper’s Magazine envióle como co­rresponsal a la Martinica, donde permaneció dos años y medio; fruto literario de tal estancia fue Dos años en las Indias Occiden­tales Francesas [Two Years in the French est Indies, 1890], la mejor descripción de estas islas publicada hasta hoy.

En 1890 marchó al Japón para escribir allí otra serie de artículos destinada también a The Har­per’s Magazine; pero poco después de su llegada al citado país rompió sus relaciones con el periódico en cuestión, irritado por la tiranía de los editores, y, con el apoyo del profesor Basil Hall Chamberlain, de la Uni­versidad de Tokio, se dedicó a la enseñanza. Visiones del Japón menos conocido (1894, v.) fue el primero de doce excelentes volúme­nes (v. también Fantasmas chinos) que es­cribió sobre el Japón, cuya lengua desco­nocía. Se casó con Setsuko Koizumi, perte­neciente a una buena familia japonesa, y llegó a ser un esposo y un padre modelo; a fin de resolver las cuestiones legales plan­teadas por este matrimonio, se hizo súbdito japonés y asumió el nombre de Koizumi Yakumo, con lo cual su sueldo pasó a ser muy inferior al de los extranjeros no natu­ralizados.

En 1894 abandonó la enseñanza y escribió para The Chronicle de Kobe; finalmente, el profesor Chamberlain le ob­tuvo la cátedra de literatura inglesa de la Universidad de Tokio, donde enseñó has­ta 1903 y dio lecciones que fueron publi­cadas póstumas. Su última obra es un agudo sumario de los conocimientos de H. acerca de su nuevo país: Japón. Ensayo de inter­pretación (v.). Su labor resulta aún muy valiosa para la comprensión del mundo y de la civilización orientales.

L. R. Lind