Knut Hamsun

Nació el 4 de agosto de 1859 en Lomnel Gudbrandsdal y m. cerca de Grimstad el 19 de febrero de 1952. Fue hijo de una antigua familia campesina y su apellido era Pedersen. Llevó una existencia nómada, en cuyo transcurso ejerció las pro­fesiones más diversas: aprendiz de zapatero en Bodó, y luego, siempre en la Noruega septentrional, carbonero, maestro de escuela, picapedrero, obrero de carreteras, empleado comercial, vendedor ambulante y escribien­te de un puesto de policía. Intentó además, pero sin éxito, el periodismo. En 1882 emigró a América, donde trabajó singularmente en Wisconsin y Minnesota. Después de varios fracasos, volvió en 1884 a Noruega, país que abandonó de nuevo para marchar otra vez a los Estados Unidos. En esta segunda etapa americana hizo de agricultor en Dakota, fue tranviario en Chicago, y dio conferencias en Minnesota ante un pequeño grupo de compatriotas.

Comentó a Ibsen, Bjornson, Strindberg, Zola, Tolstoi y Dostoievski, y contó luego sus impresiones de América, casi exclusivamente negativas, en el amargo libro La vida espiritual de la América mo­derna [Fra det modeme Americas Aands- liv, 1889]; las de la dura vida en su patria aparecieron en la novela con la cual diose a conocer, Hambre (v.), y que le propor­cionó, inmediatamente la celebridad. En esta novela figura por vez primera el héroe ca­racterístico de H., el nómada perdido en la civilización y atraído siempre por la llamada de su bosque nativo. Al carácter esquemático del naturalismo opone el aná­lisis del alma humana en su incoherencia y su misterio, y al estilo «científico» el im­pulso lírico y musical y el lenguaje de lo inconsciente e incognoscible. A Hambre si­guieron una trilogía dramática influida por Nietzsche — A las puertas del Reino [Ved Rigets Port, 1895], El juego de la vida [Livets spil, 1896] y Ocaso [Aftenrode, 1898] —, la colección de composiciones líricas El coro salvaje [Det vilde Kor, 1904], y novelas, cuentos y varios relatos de viajes y de epi­sodios de la existencia vivida, siempre en relación con el tema desarrollado en Ham­bre: Pan (1894, v.), Siesta (1897), Victoria (1898, v.), Un país de ensueño [I Aeventyrland, 1903], Un vagabundo toca con sordina (1909, v.), Hombres de hoy [Bórn av tiden, 1913], Los frutos de la tierra (1917, v.), etc. En 1917 fue galardonado con el Premio No­bel.

Aunque en la caracterización psicoló­gica de sus personajes, nuestro autor revela haber aprendido mucho de Dostoievski y Mark Twain, su naturalismo místico pre­senta posiblemente la expresión más origi­nal y elevada de la poesía noruega después de Ibsen. El mejor de sus libros, Pan, apa­rece invadido por el sentimiento panteísta de la naturaleza; en Los frutos de la tierra, en cambio, se da éste, con un carácter religioso, en la figura del aventurero Isak, gigantesco dominador y casi divinidad ctónica, situado sobre el fondo de la fecunda tierra de la cual ha surgido. En los libros siguientes, H., ya padre de familia y hacendado, volvió a sus misantrópicos sarcasmos y a sus paradojas falaces, que, sin embargo, dejan vislumbrar siempre una excepcional intuición psicológica, sobre todo al presentar los vicios más detestados por el autor: la presunción y el dogmatismo, como en Mu­jeres en la fuente [Konerne ved vandposten, 1920] y último capítulo [Siste kapitel, 1923].

En sus últimas novelas, Vagabundos [Landstrykere, 1928], Augusto [August, 1930], La vida continúa [Men livet lever, 1934], El círculo se ha cerrado [Ringer sluttet, 1937], reaparece el tema principal: la astítesis naturaleza-cultura, que culmina en una especie de mito del nómada, reivindicador de un individualismo anárquico y de un ingenuo idealismo ante los progresos del materialismo en la civilización moderna. Conservador e incluso arrogantemente anti­democrático y germanófilo en la primera y segunda guerras mundiales, H. fue some­tido a proceso al terminar la última, des­poseído de sus bienes por sentencia de un tribunal noruego y declarado enfermo men­tal. En 1949 apareció el diario escrito du­rante su reclusión : Por senderos donde crece la hierba [Paa gjengrodde stier].

M. Gabrieli