Kitabatake Kikafusa

Nació en 1293 y murió en 1354. Los Kitabatake constituían una familia de la nobleza descendiente de los Minamoto de la línea del emperador Murakami (947-67). Hijo del ministro Moroshige (1270-1322), Kitabatake Kikafusa ingresó al servicio de la corte bajo el soberano Hanazono (1308-18), y, afianzado gracias a sus dotes de ingenio y cultura, prosiguió luego su carrera en tiempos del emperador Go Daigo (1318-39) y llegó hasta los grados superiores de la jerarquía.

Era muy apreciado por este último, quien le confió la educación de un hijo suyo, el príncipe Tokinaga, muchacho genial, destinado a suceder a su padre en el trono. En 1330, empero, el joven murió, y Kitabatake Kikafusa, quien le profesaba un amor pater­nal, quedó tan entristecido por el aconteci­miento que, abandonados cargos y honores y rapada su cabeza, se hizo bonzo y asumió el nombre religioso de Sōgen (luego Kakkū, «el que ha despertado en el vacío»). Por espacio de tres años desapareció del mundo; pero transcurrido este período viose obli­gado a dejar su aislamiento y a reanudar el ejercicio de sus antiguas funciones. Ello ocurría en la época en que Go Daigo, esca­pado del destierro de Kiburi (Oki), aprestá­base, con el apoyo de sus partidarios, a dar el golpe de gracia a los usurpadores Hójo. Siguieron después el triunfo, muy efímero, empero, de los imperiales, la traición de Ashikaga Takauji (1305-58), el cisma di­nástico y el largo período de las luchas entre la corte septentrional (Kyoto), defen­dida por Takauji, y la meridional (Yoshino), donde Go Daigo pudo contar con hombres leales y valientes como Kitabatake Kikafusa, Nit-Yoshi- sada (1301-38), Kusunoki Masashige (1294- 1336) y otros.

Durante los turbulentos suce­sos de esta agitada época el autor que nos ocupa fue una de las figuras de primera categoría, y, con la espada y la pluma, defendió los derechos y la legitimidad de la dinastía del Sur, de la cual quedó como único apoyo tras la muerte de Nitta y Kusunoki; en favor de la causa ofreció, además, un hijo, Akiie (1317-38), que pe­reció combatiendo por los mismos ideales del padre. Hombre de acción y pensador, aun en medio de las múltiples misiones derivadas de sus graves responsabilidades civiles y militares y entre el tumulto de las batallas supo hallar el tiempo necesario para extender y profundizar su cultura y componer una serie de importantes obras, la más notable de las cuales es el Jin Nō Shōtōki (v.).

M. Muccioli