Karol Szymanowski

Nació en Timoshovka (Ucrania) el 6 de octubre de 1883 y murió el 29 de marzo de 1937 en Lausana. Era hijo de un propietario polaco residente en el territorio ucraniano, y recibió de sus padres la primera formación musical. A los cuatro años un accidente le ocasionó graves lesio­nes en una pierna, y obligóle durante largo tiempo a la vida sedentaria; ello favoreció su natural tendencia al estudio y a la re­flexión; pero influyó asimismo de una ma­nera determinante en su carácter, que de esta suerte se hizo más amargo y melancó­lico. Luego de haber estudiado con Neuhars en la vecina población de Elisavetgrad, se trasladó a Varsovia (1901), donde fue dis­cípulo de Zawitki y Noskowski. Por aquel entonces había escrito ya numerosas composicions, singularmente para piano; una de ellas, el Estudio en si bemol menoi (publicado luego como op. 4 n. 3), llamó la atención de Paderewski, el cual la incluyó en su repertorio y la llevó de esta suerte a un éxito popular (todavía persistente) que llegó a molestar al autor, seguro de haber dado a la luz obras mucho mejores que esta lograda imitación de Chopin.

En Varsovia estableció amistad con el director de or­questa Gregor Fitelberg, el violinista Paul Kochanski y el pianista Artur Rubinstein, quienes estuvieron siempre a su lado en los duros episodios de su vida y fueron los más decididos, eficaces y pacientes propagado­res de su música. La atrasada situación de la cultura musical de Polonia indujo a Szymanowski y a sus amigos a fundar, en torno al prín­cipe Wladyslaw Lubomirski, la «Asociación de Compositores Polacos Jóvenes» (1905). En el primer concierto de la nueva entidad (6 febrero 1906) presentó nuestro autor las Variaciones sobre un tema polaco, op. 10, para piano, y la Obertura de concierto, op. 12, para orquesta; en tales obras las influencias de Chopin y Skrjabin aparecen matizadas por una fantasía juvenil muy personal en la invención y la expresión. Entre 1906 y 1908 Szymanowski estuvo en Berlín y Leipzig, y dedicóse a un intenso estudio de las partituras de Wagner, Richard Strauss y Reger.

Los frutos más inmediatos de esta actividad fueron la Sinfonía en fa menor, op. 15, y el Trío, op. 16, luego destruido. La experiencia llevada a cabo fortaleció definitivamente, a través de una asimilación lenta, pero completa, el estilo expresivo del músico. Así lo demuestran la segunda Sin­fonía en si bemol mayor, op. 19 (1909), aún vinculada a los influjos de Skrjabin, pero ya autónoma en la estructura, y la segunda Sonata en la menor, op. 21 (1910), para piano. Llegado a Viena, escribió aquí su primera obra teatral, la ópera en un acto Hagith (1912-13), inspirada en Salomé (v.) y Electra (v.), de Strauss, y los ardien­tes Cantos de amor de Hafiz, op. 24 y op. 26 (1910-11 y 1914). En la mencionada ciudad conoció las producciones de Debussy y Stravinski; este último, en particular, produjo en Szymanowski una intensa impresión, que no dejó de influir en su actividad futura. Luego, en el curso de un largo viaje por Italia, el África septentrional, Francia e Inglaterra (1914), estableció contacto con Ravel, quien, contrariamente a lo ocurrido con Debussy, llevóle a una admiración incondicional.

Vuelto a Timoshovka apenas con el tiempo justo para no verse sorprendido en territo­rio austríaco por el principio de la primera Guerra Mundial, Szymanowski inició allí un período (1914-17) de intensa actividad creadora, y escribió sucesivamente la tercera Sinfonía, «El canto de la noche», para tenor, coro y orquesta, op. 27, las Métopes op. 29, los doce Estudios op. 33, las Masques op. 34, la ter­cera Sonata op. 36 para piano, los Mitos (v.) para violín y piano, el Concierto para vio­lín y orquesta op. 35 (v.), y los Cantos de la princesa encantada para voz y piano op. 31. Tras la revolución rusa de 1917 se refugió en Elisavetgrad, donde compuso el Cuarteto en do mayor op. 37 (1917), las cantatas Demeter y Agave, op. 37 bis y 38, y los Cantos del muecín loco op. 42, en los cuales aparece de nuevo el ferviente ardor de los Cantos de amor de Hafiz, pero con vigor, intensidad y -convicción superiores y una capacidad excepcional para la des­cripción del ambiente. En 1919 se trasladó definitivamente a Varsovia; aquí, empero, encontró una fría acogida que le amargó bastante.

Escribió el ballet Mandràgora (op. 43, 1920), y se dedicó con empeño a la composición del Rey Rogerio (v.), ópera en tres actos ya esbozada en 1917, llevada a cabo sobre el libreto obra de Iwaszkiewicz y del propio músico, y representada en Var­sovia en 1926; la densa estructura polifónica de esta producción teatral se halla animada por un ardiente impulso lírico que hace de ella un espectáculo grandioso y vivo, abundante en ensoñadores abandonos, ritmos dinámicos de danza y suntuosos mati­ces orquestales. Un viaje a Lwow (1920) y otro a Zakopane (1921) pusieron a Szymanowski en relación con la música popular de los «górals», montañeses polacos, que le inspiró el ciclo Slopiewnie (1921), para canto y piano, y el ballet Hamasie (1926-31, v.). Al singular e importante Stabat Mater (1927, v.) y al Veni Creator, sobre textos polacos, siguieron los Cantos de Kurpian (1928-32), la última producción vocal del compositor, ya minado por la tuberculosis.

La amarga experiencia llevada a cabo como director del Conservatorio de Varsovia (1926-29), debida al odio de los colegas, molestados por su voluntad de renovación moral y di­dáctica, agravó la dolencia de Szymanowski, cuyas últimas composiciones (1931-33) son la Letanía op. 59, la Sinfonía concertante op. 60 para piano y orquesta, y el Segundo concierto para violín y orquesta op. 61. Vanas resul­taron las curas a que se sometió el mú­sico en Zakopane, Davos, Cannes, Grasse y Lausana: falleció a los cincuenta y cuatro años en un sanatorio de esta última ciudad. El gobierno de Polonia le tributó honras fúnebres oficiales. El cuerpo del compositor fue enterrado en el panteón de los grandes polacos, en Skalka.

C. Marinelli