Juan de Padilla

Nació en Sevilla en 1468 y murió en la misma ciudad después de 1520. Sólo sabemos de él que fue monje de la cartuja de Santa María de las Cue­vas de Sevilla, de donde le viene el nombre de «Cartujano». En 1493 publicó un poe­ma de 150 «coplas», el Laberinto del duque de Cádiz, Ponce de León, derivado con toda seguridad del Laberinto de la Fortuna (v.) de Juan de Mena, con el que tuvo de común su devoción al Dante. En el prólogo al Retablo del cartujo sobre la vida de Nuestro Redentor Jesucristo, publicado en 1516 y reimpreso trece veces en el mismo siglo, se declara arrepentido del Laberinto y de los demás versos profanos escritos en su juven­tud y perdidos hoy todos.

Pero a pesar del éxito del Retablo, su fama ha quedado vin­culada a los Doce triunfos de los Apóstoles (1521, v.), itinerario alegórico en el que San Pablo guía al autor por el Purgatorio y por el Infierno. Buen conocedor de Dante (especialmente del Infierno) y de los Triun­fos (v.) de Petrarca, Padilla es un representante tardío del género alegórico de influencia italiana, animado, sin embargo, por imágenes de vigorosa plasticidad. Conocido es el juicio de Menéndez Pelayo, según el cual Padilla fue uno de «aquellos que llamaron a las puertas del Renacimiento sin lograr penetrar en él y sin ser tampoco auténticos poetas medievales».

G. Savelli