Juan Cruz Varela

Poeta y dramatur­go argentino, nació en Buenos Aires en 1794 y murió en Montevideo en 1839. «El más com­pleto hombre de letras de la Revolución y de la época rivadaviana» lo llama Giusti. Menéndez Pelayo lo coloca «a corta distan­cia de los Olmedos y Heredias de otras partes». Destinado por sus padres a la ca­rrera eclesiástica, estudió primero en el co­legio de San Carlos y se graduó de bachi­ller en Cánonos y Teología en el colegio de Montserrat (Córdoba, 1816); pero regresó a Buenos Aires sin haber tomado las órdenes sagradas. Hombre de ideas liberales y uni­tarias, se incorporó al periodismo y a la política; redactó El Mensajero argentino El tiempo y El Centinela; trabajó junto a Rivadavia en su etapa de ministro y presi­dente, y se convirtió en el poeta cívico de este período.

Caído Rivadavia, emigró a Montevideo, víctima de la persecución de Rosas y de Oribe. Al escribir su tragedia Argia (v.), en la que pinta un intenso cua­dro dramático de los procedimientos y con­secuencias de la tiranía, aunque se refería a los ejemplos de Europa, no parecía sino presentir lo que iba a ocurrir en su patria pocos años después. Dido es la otra de sus tragedias y desarrolla el conocido tema clá­sico, en forma que resulta mejor para ser leída que representada. Su verso y su ins­piración son neoclásicos, como puede adver­tirse en su teatro y en sus poesías (v. Poe­sías).

Mas aunque comienza gustando del tono de Meléndez Valdés, acaba enamorán­dose de la declamación ampulosa de Quin­tana, quizá más adecuada para sus menes­teres de poeta cívico de la patria y del régimen dentro de la tremenda agitación de su tiempo en su país. Su culto a Virgilio y a Horacio en las luchas civiles y en la emigración nos hablan muy alto del espí­ritu de un patriota argentino que llegó más lejos como hombre libre y como ciudadano que como poeta, sin que la afirmación pue­da significar nada en contra de sus innega­bles calidades líricas.

J. Sapiña