Juan Bautista Alberdi

Jurisconsulto y pensador argentino n. en Tucumán en 1810 y m. en París en 1884. De formación universitaria (abogado), influyó poderosa­mente en el desarrollo de su país desde las páginas del libro y las columnas del perió­dico.

Hijo de español y criolla, quedó huér­fano muy niño y aprendió pronto a traba­jar; representó a su país en Inglaterra, Fran­cia, España e Italia y fue secretario de Lavalle (1839) y diputado por Tucumán en 1878; vivió la mayor parte de su existencia fuera de su patria, unas veces expatriado por motivos políticos y otras por sus cargos diplomáticos, pero pudo decir con razón que su obra «es la vida de un ausente que no ha salido de su país».

En política es ad­versario implacable de Rosas, pero tam­bién de Mitre y de Sarmiento, con el que polemiza en sus Cartas quillotanas (1853), en defensa de Urquiza; sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (v. Bases) sirvieron de fundamento esencial a la Constitución de 1853.

Su pensamiento y su espíritu crí­tico, agudo y sagaz, fueron influidos por Montesquieu, Rousseau y Mariano José de Larra (firmaba en su juventud sus artículos con el seudónimo Figarillo). Diversos as­pectos de su doctrina jurídica y política se encuentran expresados en su alegato pacifista El crimen de la guerra (v.) y en La República Argentina consolidada en 1880 con la ciudad de Buenos Aires por capital.

La tesis «gobernar es poblar» concreta lo esencial de su programa, con una gran vi­sión de lo que había de ser una Argentina integrada principalmente por criollos y con un sentido educativo de la población. Uno de los fundadores de la «Asociación de Mayo», sus mejores amigos fueron Esteban Echevarría y Juan María Gutiérrez.

Manejó con descuido la lengua castellana, más aten­to al contenido filosófico, económico y po­lítico de su obra que al aspecto literario; escribió una novela filosófica única en su género en Hispanoamérica, titulada Pere­grinación de Luz del día (1871, v. Luz del día), muestra de su singular ironía y es­píritu crítico.

Otros trabajos suyos son: El Edén (poema), Tobías o la cárcel a la vela, Memoria descriptiva de Tucumán (1834) y dos piezas de teatro: La revolución de mayo (1839) y El gigante Amapolas (1841). Sus Obras y Escritos póstumos lle­nan 24 volúmenes. La formación de la na­cionalidad argentina debe mucho a este ilustre jurisconsulto, sociólogo, economista y pensador.

J. Sapiña