Leopoldo Alas y Ureña

Crítico y no­velista español que popularizó el seudóni­mo de Clarín. N. en Zamora el 25 de abril de 1852, m. en Oviedo el 13 de junio de 1901.

Su infancia y primera juventud dis­currieron en Oviedo, de donde eran sus pa­dres y en cuya universidad estudió la ca­rrera de Derecho; en 1870 se doctoró en la Universidad Central de Madrid. Enamo­rado de las letras, las ejerció más como un culto que como una profesión, y en ellas vertió su vasta cultura unida a un singular ingenio desde sus primeras críticas apare­cidas en El Solfeo, periódico de Madrid.

Pronto destacó su firma y le fueron solici­tadas sus colaboraciones en El Imparcial, , El Globo, El día, La Ilustración Española y Americana y Madrid Cómico, de la capi­tal; y en La Publicidad y La Ilustración Ibérica, de Barcelona, hasta alcanzar la cifra de millares de artículos a través de su Vida.

Su entrega a la literatura no le hizo olvidar su carrera, que orientó en el sentido pedagógico; a los veintinueve años, o sea en 1881, ganaba una cátedra de Eco­nomía Política en la Universidad de Sala­manca, y poco después, otra de la misma asignatura en la Universidad de Zaragoza, de la que no pudo tomar posesión hasta pasado un tiempo, porque el Ministro de Fomento la había adjudicado de un modo arbitrario al opositor que había quedado en tercer lugar.

No estuvo Clarín mucho tiem­po en la ciudad del Ebro, puesto que en 1883 pidió y obtuvo el traslado a la Universidad de Oviedo, donde dio clases de Derecho Romano primero, y de Derecho Natural des­pués.

En la ciudad de sus padres, que era casi la suya, Alas se afincó de por vida y allí fue donde su erudición e ingenio dieron sus mejores frutos en las dos actividades de su vida: la literatura y la enseñanza. En esta última, su celo pedagógico le llevó a crear con sus compañeros de claustro los cursos de Extensión Universitaria, en 1898, que des­pués proliferaron en muchas universidades españolas.

En 1885 dio a una editorial de Barcelona, que la publicó, su novela La Regenta (v.), tal vez la más conocida de Clarín, que podríamos clasificar como natu­ralista y en la que se fustiga el falso misticismo y la neurastenia vestida de honradez de «las mujeres que no han cumplido su destino», como escribe R. F. Giusti.

Hombre de inquietudes, fue Alas un idealista difuso y un pensador impresionable que admiraba a Renán, a Zola y a Maupassant. Socialista teórico, quiso reformar el cristianismo, para al fin dar en sus últimos años muestras de una renovada fe religiosa.

Lo más notable de Clarín, lo que le dio mayor popularidad, fue su aguda labor de crítico literario que publicó en los periódicos de Madrid entre los años 1879 y 1898, en la que fustigó, a veces con excesiva dureza y personalismos, a los autores que escriben sin preparación cultural, a los plagiarios y a los que hacen de la literatura un oficio; un modo de lu­crarse y no un sacerdocio como él entendía que debe hacerse.

Sostuvo apasionadas po­lémicas literarias con la Pardo Bazán, Na­varro Ledesma, Pompeyo Gener y otros fa­mosos publicistas y críticos de su época. En los últimos años de su vida, con sus ar­tículos y sus conferencias dadas en el Ate­neo de Madrid, Alas se mostró muy preocu­pado por los temas religiosos.

Fue Clarín un escritor fecundo que, aparte de sus ar­tículos, publicó numerosas obras; tales son: Solos de Clarín, prologada por don José Echegaray, editada en 1881; La Literatura, en 1881, en colaboración con don Armando Palacio Valdés; Sermón perdido; Crítica y Sátira (1885); La Regenta, ya citada (Bar­celona, 1885, y Madrid, 1900); Folletos Lite­rarios: I. Un viaje a Madrid (1886), II. Cá­novas y su tiempo (1887), III. Apolo en Pafos (1887), IY. Mis Plagios, Un discurso de Núñez de Arce (1888), V. A 0,50 poeta (1889), VI. Rafael Calvo (1890), VII. Museum (1890), VIII. Discurso sobre el utilitarismo en la enseñanza (1891); El Señor y lo demás son cuentos; Pipa y Novelas cortas (1886); Mezclilla y Críticas (1892); Doña Berta, Cuervo, Superchería, novelas cortas en 1892; Su úni­co hijo (v.), novela larga (1890); Paliques y Críticas, en 1893; Cuentos Morales (v.), en 1896; El gallo de Sócrates (1900, v.); El Derecho y la, Moralidad; una conferencia, que luego se imprimió, sobre Alcalá Galiano; Programa de Economía; Zurita; Las vír­genes locas; Novela incoherente; Crítica po­pular; Las dos cajas; una biografía de Pérez Galdós, y Speraindeo, su novela póstuma, hasta ahora inédita.

Es notable su obra dramática estrenada en el Teatro Español, de Madrid, por María Guerrero, en marzo de 1895, que lleva por título Teresa. Prologó libros de autores noveles como Adolfo Po­sada y Rafael Altamira, y poco antes de morir tradujo la novela Travail, de Zola, a la que puso un prólogo muy documentado.

En su aspecto de crítico mordaz puede se­ñalarse en Alas la influencia de Larra. Su actitud literaria y humana encontró luego amplio desarrollo en los escritores de la generación del 98.

J. R. Manent