Josep Pla

Escritor y periodista catalán, nació en Palafrugell (Bajo Ampurdán) en 1897. Pertenecía a una familia de modestos pro­pietarios rurales; estudió en Gerona y luego cursó Derecho en la Universidad de Bar­celona. Durante sus estudios superiores ya se había ejercitado en el periodismo, al que después se dedicó plenamente para no aban­donarlo más. A lo largo de su vida ha co­laborado en numerosos diarios de diversas y aun opuestas tendencias, de lengua cas­tellana y catalana: La Publicidad, Las Noti­cias, La Publicitat, La Veu de Catalunya, La Nau, El Correo Catalán, etc., de Barcelona y El Sol de Madrid, y en distintas revistas catalanas (La Revista, La Revista de Cata­lunya, La Nova Revista), y sobre todo en el semanario barcelonés Destino casi desde su fundación y al que se ha mantenido fiel. Ha viajado reiteradamente por toda Europa y no hace mucho tiempo visitó varias capi­tales del continente americano. Hecho cu­rioso: a los veintitrés años se asomó por primera y única vez a la vida pública al ser elegido diputado a la Mancomunidad catalana, que presidía Puig i Cadafalch (v.); según él mismo ha manifestado «dimitió porque no podía resistir el gasto que el cargo le ocasionaba».

Su primer libro im­portante fue Coses vistes (Cosas vistas) (v.), aparecido en Barcelona en 1925; el éxito fue inmediato y rotundo. Alternan en él impresiones de viaje, recuerdos y narracio­nes; en algunas de éstas se advierten ecos de la narrativa rusa. Ya en sus primeros textos destacan las características de su es­tilo, que será siempre descuidado, pinto­resco, sabroso, salpicado de amenos despro­pósitos sobre un fondo más o menos pa­tente de sólido sentido común. También en 1925 hizo una rápida escapada a la U.R.S.S., viaje cuya efectividad ha sido puesta en duda por algunos; fruto de la excursión fue el libro Rússia, aparecido el mismo año. Por aquellas fechas el autor casó con una joven escandinava residente en Barcelona y parece que el matrimonio fue un fracaso; de tal experiencia le quedó quizás al escri­tor su relativa misoginia. En efecto, el pa­pel que la mujer desempeña en su obra es escaso y de poco lucimiento. Llanterna má­gica (1926) y Relacions (1927) están en la misma línea de Coses vistes. En 1928 da a la luz en Sabadell la Vida de Manolo, bio­grafía del gran escultor Manolo Hugué y uno de los escritos más logrados de nuestro autor; en él habla el propio biografiado en un lenguaje abigarrado y jugoso, rebosante de humor y de cinismo bonachón.

El estilo escrito de Pla, ya muy afín al estilo verbal de Manolo, salió sin duda enriquecido del contacto con la fuerte y original persona­lidad de éste. Del mismo año son las Carles de lluny, su mejor libro de viajes (Fran­cia, Bélgica, Holanda, Alemania, Escandinavia), y Cambó, tres volúmenes sobre la vida y la obra del famoso líder regionalista, hombre de negocios y mecenas Francesc Cambó (v.), texto prolijo y desmañado, no exento de interés documental. La compo­sición de esta obra coincidió con el paso de nuestro autor de La Publicitat, órgano del catalanismo intelectualista de centro-iz­quierda, a La Veu de Catalunya, portavoz de la «Lliga Regionalista», partido conser­vador y capitalista. En Madrid (1929) re­coge Pla una serie de impresiones ligeras y divertidas de la vida en la capital de España, y Viatge a Catalunya [Viaje a Cata­luña, 1934, v.] es una colección de artículos publicados en la prensa diaria. Los citados libros, escritos todos en catalán, constitu­yen, con otros menos significativos, la pri­mera época de la producción de nuestro autor. Pla pasó la guerra civil en Francia y en Italia, principalmente en Marsella y en Génova, y allí trabajó oscuramente en los servicios de Prensa del gobierno fran­quista y, junto con otros escritores, estuvo más o menos acogido al mecenazgo de Cam­bó.

Terminado el conflicto, se traslada a Barcelona, donde ocupa por brevísimo tiem­po la dirección de La Vanguardia, el rota­tivo de mayor tirada de Cataluña. A par­tir de aquel momento, nuestro autor escribe y publica una larga serie de libros en cas­tellano: Historia de la Segunda República española (cuatro volúmenes, 1940-41), Rusiñol y su tiempo (1942), Viaje en autobús (1942), El pintor Joaquín Mir (1944), Un señor de Barcelona (1945), La huida del tiempo (1945), Viaje a pie (1949), etc. El castellano de Pla, deliberadamente impuro, abundante en catalanismos, llega a dar la sensación de un texto catalán traducido a la letra con propósitos vagamente carica­turescos. En este aspecto la lengua de nues­tro autor contrasta escandalosamente con la de numerosos escritores y periodistas catalanes que al término de la guerra deci­dieron usar el idioma oficial, los cuales, en su mayoría, se esfuerzan en cultivar un casticismo de segunda mano. El año 1949 señala el comienzo de una tercera etapa en la vida literaria de Pla Reanuda entonces la producción en su lengua nativa con la re­edición de su primer éxito, Coses vistes; sucesiva e ininterrumpidamente da a las prensas libros y más libros.

En 1951 obtiene el premio Martorell con su primera novela, El carrer estret [La calle estrecha, v.], a la que sigue otra, Nocturn de primavera [Nocturno de primavera, 1953, v.]. Con Primers escrits se inicia la edición de sus «Obres completes»; solamente en la «Biblio­teca Selecta» llevaba publicados en 1962 cerca de cincuenta volúmenes, entre los cua­les sobresale por su calidad literaria y hu­mana Girona [Gerona, 1952], «libro de re­cuerdos» de adolescencia, últimamente ha sido muy bien acogida la serie Homenots [Hombrachos], galería de retratos de gen­tes conocidas, contemporáneas del autor; algunas de estas semblanzas son pequeñas obras maestras por su gracia expresiva y sus certeras y penetrantes intuiciones psi­cológicas. Hace más de veinte años que Pla trabaja «como un forzado», víctima según propia confesión de «la siniestra dispersión del periodismo». En su solariego Mas Llofriu, situado en las afueras de Palafrugell, pergeña incansablemente sus artículos y re-portajes, y compone o reajusta libros nue­vos o remozados. Por la tarde suele concu­rrir a una tertulia de café o pasea por los alrededores de la villa. Pla es, en rigor, un solitario, un hombre sin verdaderos amigos a quien todo el mundo conoce y muchos celebran; gusta de interpelar, entre pícaro y campechano, a la gente del pueblo, y desde su ya lejana juventud no ha rehuido la compañía ocasional de personas adine­radas, algunas de las cuales se complacen en sentarlo a su mesa o en hacer con él dilatados viajes.

Pla es un conversador que interesa y entretiene; escéptico o frívolo, a ratos cínico y maldiciente, cuando la ter­tulia es numerosa; grave y sincero, muy humano en el diálogo confidencial con per­sonas de cierta confianza. Soledad y cosmo­politismo, aires de payés desconfiado y so­carrón y «charme» de hombre de mundo, vulgaridad y refinamiento, son notas que el público le atribuye; con ellas se ha for­mado en torno a su figura una pequeña leyenda de tonos más bien admirativos. Pla es hoy el escritor más popular y más leído de Cataluña; su secreto consiste, al parecer, en tratar toda suerte de temas, desde los trascendentes a los pedestres, sean de al­cance local o internacional, en referir cualquier materia a los intereses de sus cote­rráneos, en yuxtaponer en sus escritos la máxima del «bien-pensant» con la audaz paradoja del inconformista. Lo cierto es que el balance de su obra resulta de signo fran­camente positivo. Estamos ante un escritor de raza y ante un catalán genuino que, en definitiva, siente en sus entrañas los latidos de su pueblo y de su tiempo.

J. Oliver