Poeta mexicano nació en San Agustín del Palmar (Puebla) en 1801 y murió en 1860. Curioso ejemplo de escritor reacio a las corrientes románticas que busca el respaldo a su inspiración en los clásicos españoles, mas sin el afrancesa- miento o la europeización de los neoclásicos. Hombre de gran posición económica, tuvo una sólida preparación humanística, militó primero en la política liberal y después en la conservadora, fue secretario del Interior (1838) y luego de Relaciones Exteriores (1845-1846). Explicó Literatura en la universidad. En su afán de traducir, cuando tropieza con Lamartine o con Manzoni se cae; en cambio, camina con elegante desenvoltura cuando se enfrenta con pasajes de Horacio o de Virgilio, o cuando intenta la versión indirecta del Cantar de los Cantares; y llega probablemente a su mejor expresión poética cuando traduce en verso, a través de la interpretación que le proporciona un indígena, el caudal folklórico azteca, con inclusión de los poemas atribuidos a Netzahualcóyotl (Los aztecas: «Traducciones o glosas»).
El tono y carácter del poeta, que representa la ponderación y el equilibrio en pleno período romántico (v. Poesías de Pesado), era lo más a propósito para gustar a Menéndez Pelayo, quien afirmó hiperbólicamente que «la elegía Al Ángel de la Guarda de Elisa es digna de cualquier poeta español del Siglo de Oro» (Elisa es el nombre literario con el que cantó Pesado a su esposa). Pero es más interesante y exacto el juicio de Anderson Imbert cuando dice que «Pesado fue poeta mediocre: nunca se levantó a gran altura; tampoco escribió una sola poesía que de veras sea mala». Si sus poemas religiosos no llegan a lo sublime y sus composiciones descriptivas adolecen de falta de verdadero paisaje, el lírico de vuelo menor penetra en lo íntimo del alma azteca cuando trata de reproducir sus emociones líricas en verso castellano. Como prosista, ensaya la novela en El amor frustrado y El inquisidor en Méjico; y tienen ya sabor costumbrista sus Escenas del campo y de la aldea en Méjico, como una continuación y prolongación del costumbrismo que aparece en las páginas de Fernández de Lizardi.
J. Sapiña

