José Feliu y Codina

Nació en Barcelona el 11 de junio de 1847 y murió en Madrid el 2 de mayo de 1897. Graduóse en Leyes en 1867 en la Universidad de su ciudad natal y perteneció al grupo de escritores satírico- políticos que antes y después de la revolu­ción de septiembre lucharon con ironía en los periódicos de Cataluña contra el arcaís­mo y la afición a lo extranjero.

En sus cola­boraciones periodísticas se reveló escritor brillante, agudo y sobrio. Dirigió o fue redactor de semanarios en lengua catalana (La Pubilla, Un tros de paper) y en este mismo idioma compuso novelas y dramas (La filia del marxant, La barretina). Fue uno de los fundadores del teatro catalán y desempeñó cargos públicos y culturales.

En 1886 se tras­ladó a Madrid y allí, sin abandonar el pe­riodismo activo, dedicóse intensamente al teatro, para el cual escribió en castellano obras de sincero realismo en las que repre­senta la vida popular española. Sus , prime­ras producciones (El buen callar y Un libro viejo, de 1891) fueron bien recibidas por la crítica, aun cuando no por el público.

El drama La Dolores (v.), rechazado por va­rias compañías y representado en 1892 en Madrid en el Teatro de la Comedia y casi al final de la temporada, obtuvo, en cam­bio, un clamoroso éxito, y en breve tiempo apareció en todas las escenas españolas e hispanoamericanas; la música de Tomás Bretón diole todavía mayor popularidad.

Con esta obra, Feliu y Codina pretendió llevar al teatro aspectos aragoneses genuinos procedentes de la vida popular. Estimulado por el resultado, recorrió luego Castilla, Ara­gón, Extremadura, Galicia, etc., en busca de temas y personajes; nacieron así Miel de la Alcarria, María del Carmen (v.), La real moza, etc., textos interpretados por los mayores artistas de la época.

Su última pro­ducción, Los ovillejos, con música de Gra­nados, fue representada póstuma en Madrid, en 1898. Nuestro autor dejó también muchas novelas, entre las cuales figuran La millonaria, Mateo Bardella y Las hadas del mar, inspiradas en el ambiente de su tierra natal.

P. Raimondi