José Echegaray

Autor dramático es­pañol. Nació en Madrid en marzo de 1832, murió en la misma ciudad el 14 de septiembre de 1916. Estudió en el Instituto de Murcia y después cursó la carrera de ingeniero de Caminos en Madrid (1853); fue más tarde profesor de la misma escuela.

Alternó, los estudios de Matemáticas, su afición predi­lecta, con los de Economía política, en los que se inclinó hacia las ideas librecambis­tas. Solicitado por la política, fue diputado, director general de Obras Públicas y minis­tro de Fomento durante el breve reinado de Amadeo de Saboya. Al advenimiento de la República se refugió en Francia y fue allí donde, impelido por las difíciles cir­cunstancias, decidió escribir en serio para el teatro, por el cual sentía afición desde sus días de estudiante y en el que se había ensayado en tímidas y malogradas tentati­vas; en el exilio compuso El libro talona­rio (v.).

Restaurada la monarquía de los Borbones, regresó Echegaray a España y en 1874, siendo ministro de Hacienda, estrenó la mencionada obra bajo el seudónimo «Jorge Hayaseca», que la crítica no tardó en des­cifrar. El éxito de El libro talonario fue rotundo y con él se inició la más brillante y fecunda carrera dramática del siglo XIX español.

A partir de aquella fecha, Echegaray dio a la escena con pasmosa abundancia obra tras obra — en conjunto más de setenta — a lo largo de treinta años. Muchos de sus dramas constituyeron verdaderos aconteci­mientos y fueron traducidos a varios idio­mas, viéndose el autor ensalzado y consa­grado por el público y la crítica.

Entre sus más resonantes estrenos cabe citar: O lo­cura o santidad (v.), Mancha que limpia (v.), La esposa del vengador, En el seno de la muerte (v.), El hijo de don Juan (v.), A ;fuerza de arrastrarse (v.), La duda (v.), Los consuelos (v.), Un crítico incipiente y, sobre todo, El gran Galeoto (v.). Echegaray puede considerarse, en su punto de partida, como un posromántico, si bien su romanticismo no incide — aparte una o dos excepcio­nes— en la renovación de temas históricos o legendarios, sino que pone en juego dis­tintos aspectos de la pasión humana, lle­vada por lo general a extremos de crudo y espectacular patetismo.

El propósito domi­nante del autor es crear situaciones de fuer­te efecto dramático, para lo cual no repara en inverosimilitudes ni en contradicciones. Hombre de su tiempo, refleja las preocupaciones e ideas del último cuarto del siglo pasado: planteada la tesis, se origina el conflicto, casi siempre derivado del choque violento entre dos deberes; la parte más lograda de su obra revela, sin duda, el influjo del naturalismo francés y del trascendentalismo escandinavo.

Hoy día, los éxitos clamorosos y la fama de Echegaray nos pare­cen excesivos; con todo, no puede negarse que muchos de sus dramas ofrecen, aparte su hábil construcción escénica, momentos de exaltada pasión e incluso de aparente grandeza, ante los cuales el espectador no puede permanecer indiferente. Tampoco de­bemos olvidar que una parte importante de la fascinación que ejerció ese teatro so­bre el público debe atribuirse al virtuosis­mo de grandes actores como Vico, Ricardo y Rafael Calvo, María Guerrero, etc.; para ellos y a su medida escribió Echegaray muchos de sus dramas.

La gloria de nuestro autor al­canzó su apoteosis en el acto de entrega, en el Senado y por mano de Alfonso XIII, de las insignias del Premio Nobel — que compartió con el poeta Mistral — en 1905. Pocos saben, sin embargo, que la Academia sueca había manifestado su preferencia por el dramaturgo catalán Angel Guimerá, cuya superioridad como artista creador con res­pecto de Echegaray era evidente; presiones y con­veniencias oficiales inclinaron la balanza en favor del madrileño.

En el campo cien­tífico, Echegaray dio diversas obras metemáticas y de vulgarización, entre las que cabe citar: Cálculo de variaciones, Teorías modernas de la Física, Ciencia popular, Problemas de Geometría, Introducción a la Geometría su­perior, etc. Perteneció a la Academia Espa­ñola y a la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Como economista se le debe la creación del Banco de España.