Jean Philippe Rameau

Nació en Dijon el 25 de septiembre de 1683 y murió en París el 12 de septiembre de 1764. Hijo de un organista, estudió en la escuela de jesuítas de su ciudad natal y su padre le inició en la música. Hizo en 1701 un breve viaje por Italia llegando hasta Milán; vuelto a Fran­cia, a Lyon, con una compañía de músicos ambulantes, Rameau hace de organista en Aviñón, de donde pasa a Clermont – Ferrant, como organista de la catedral. En 1706 se traslada a Lyon y después, de nuevo, a Clermont, donde publica, en 1722, el Tratado de la armonía reducida a sus principios naturales (v.). Al año siguiente está en París; publica otros libros de música para clavi­cémbalo, y entra en relación con La Poupliniére, rico financiero y mecenas, en cuya villa de Passy se reúnen artistas y literatos y se dan conciertos y óperas. Allí conocerá Rameau a Voltaire y al abate Pellegrin.

En 1733 se inicia la actividad de Rameau en el campo tea­tral con la ópera Hipólito y Arida (v.); a ella seguirán otras cuatro «tragedias con música», entre las cuales Castor y Pólux (v.) y Dardanus; seis «óperas-ballet», entre las cuales Les Indes galantes y Le temple de la gloire, con libreto de Voltaire; dos «comedias líricas», en el género cómico, Platea (v.) y Les Paladins; además de va­rias «pastorales heroicas» y diez «ballets». La «comedia-ballet» La princesse de Navarre, con texto de Voltaire, triunfa en el tea­tro de Versalles, en 1745, y le vale a Rameau una pensión y el título de «compositeur de musique de chambre» que le concede el rey. En 1761 es Rameau miembro de la Acade­mia de Dijon, en 1764 es hecho noble por el rey. La profunda originalidad de Rameau como músico teatral no reside en la forma de sus obras, sino más bien en el sello personal que imprime en las diferentes partes de la ópera.

El sentido armónico se revela en toda su riqueza en los recitados, y el sentido lírico en la nobleza y en la expresiva variedad del canto; por otra parte, el coro asume en Rameau una importancia primordial, mientras que la parte instrumental, tanto en el acompañamiento como en las ober­turas, en las danzas como en los interlu­dios, es llevada con un sentido sinfónico sabio e inspirado al mismo tiempo. La fama precisamente de teórico erudito, confirmada por sus tratados, perjudicó durante algún tiempo a Rameau y fue explotada por sus adver­sarios, que le acusaron de sustituir la ins­piración por la ciencia.

L. Córtese