Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre

Nació en Le Havre el 17 de enero de 1737 y m. en Eragny-sur-Oise el 21 del mismo mes de 1814. Fue el último amigo de Rousseau, con quien compartió las ideas y el romanticismo anticipado, y al cual parecióse por su temperamento inquieto y sen­sible y el amor a la naturaleza salvaje.

Sin embargo, careció de su genio, y redujo esta última, descrita con vigor por el filósofo ginebrino, a la amenidad y a la discutible belleza de una oleografía perfecta. Había estudiado ingeniería sin sacar de ello pro­vecho alguno, y, todavía muy joven, intentó trabajar en Malta, San Petersburgo, Polo­nia y Berlín; pero no logró ni quiso establecerse de una manera fija en ninguna parte.

Vuelto a Francia, ocupóse de polí­tica a través de proyectos y planes acerca de los cuales iba informando a los minis­tros del rey en extensas y frecuentes «Mé­moires». Sin embargo, nada concretaba, y la vida escurríasele entre sus inquietas ma­nos. En torno a 1771 resolvió escribir, for­zado por la miseria, el Viaje a la Île de France (v.) aun cuando, en realidad, bus­cara con ello una evasión, además de una fuente de ingresos. Con todo, su destino era en verdad el de escritor.

Y así, con los Estu­dios de la naturaleza (v.), publicados en 1784 y completados doce años después con Armonías de la naturaleza, une su compe­tencia de naturalista a una bella forma y consigue la celebridad: el rey no tarda en nombrarle intendente del «Jardin des Plan­tes».

Mientras tanto compuso también su libro mejor y más conocido, Pablo y Virgi­nia (1787, v.). El éxito de la obra fue inme­diato y sin reservas, y al cabo de poco tiempo la patética historia de los dos jóve­nes enamorados se hizo popular.

No obstan­te, la Revolución alteró de nuevo el pací­fico ritmo de su vida; Napoleón, empero, habría de devolverle la tranquilidad y dejar que el escritor acabara plácidamente sus días, célebre, aunque no satisfecho, en su propiedad de la île de France.

B. de S.-P. se había casado dos veces, y puso a sus hi­jos los nombres de Pablo y Virginia. Entre sus obras, que no fueron numerosas, figura, junto a Pablo y Virginia, La cabaña india (v.), narración igualmente ingenua y deli­cada y con el mismo encanto fruto del mu­sical artificio de un estilo en el que la dura y áspera vida desaparece sin dejar más huella que el abstracto perfil de una fábula.

G. Veronesi