Nació en 640 en un pueblo no lejano de Antioquía, murió en Telladda en 708. Insigne representante del helenismo en lengua siria, es autor de no pocos escritos de notable importancia literaria. Después de haberse iniciado en los estudios en su localidad natal, los continuó en el célebre convento de Quenneshrin y más tarde marchó a perfeccionarlos a Alejandría de Egipto. Su gran conocimiento del griego imprimió en todos sus escritos un carácter particular que lo distingue bien de otros escritores sirios: magnífica información, pensamiento claro y lógico, bella forma. Fue elevado a la sede episcopal de Edesa; pero a consecuencia de desavenencias con sus diocesanos, provocadas verosímilmente por su difícil carácter, abandonó el cargo al cabo de cuatro años.
Disgustado por la falta de disciplina en el clero de su país, se retiró al monasterio de Kaisum. Llamado más tarde al de San Eusebio, con objeto de dar nuevo impulso a los estudios griegos, pasó en él once años dedicado a la enseñanza; pero tampoco allí se encontró a sus anchas a causa de la envidia de los monjes y pasó por ello al gran convento de Telladda. Vuelto a llamar por los de Edesa para regir de nuevo este obispado, regresó a su sede; pero al cabo de cuatro años la abandonó otra vez para dedicarse a sus libros, en Telladda. Allí le sorprendió la muerte. Nos han quedado de él numerosos escritos en casi todos los campos de la literatura de su tiempo. Hizo muchas versiones del griego, escribió abundantes cartas, comentó pasajes del Antiguo Testamento, se ocupó de liturgia, compuso poesía y numerosas obras en prosa, algunas de tema teológico-filosófico como el Enquiridión (v.), que trata de los términos de naturaleza, sustancia, hipóstasis, especie y persona.
De él se cita también una crónica, dividida en dos partes, y que constituye en cierto modo una refundición del Canon de Eusebio; llegaba hasta el año 692. Su Hexamenón comprende siete libros y lleva verdaderamente el título De la creación y de las criaturas.
G. Furlani

