Ippolito Nievo

Nació en Padua el 30 de noviembre de 1831 y murió en un naufragio la noche del 4 al 5 de marzo de 1861. Era hijo de un magistrado mantuano, Antonio, y de una patricia veneciana, Adele Marín, descendiente de los Colloredo. Pasó la in­fancia entre la casa familiar de Mantua y Montalbano del Friul, en el castillo de Co­lloredo. Precozmente sensible a las ideas patrióticas, se inscribió en 1848 a los die­ciséis años, en la Guardia cívica. Fallidas las esperanzas suscitadas por los movimien­tos dé aquel año, estudia Jurisprudencia en su ciudad (1852-55), participa en conjuras políticas con sus compañeros, escribe versos satíricos y hace representar, un año antes de la licenciatura, un drama de inspira­ción liberal: Gli ultimi anni di Galileo Ga- lilei. Continúa conspirando y buscado por la policía se fuga a Milán.

Allí transcurre su época más intensa y feliz: se enamora de su prima Bice Melzi d’Eril, y compone todas o casi todas las Confessioni di un ita­liano (v.), las tragedias, Spartaco e í capuani y publica los versos de Luciérnagas (1858, v.). En 1859, al estallar de nuevo la guerra, huye a escondidas de la amada, y se enrola en el ejército sardo, participando con Garibaldi en la campaña del Trentino. Al año siguiente figura entre los primeros voluntarios de la empresa de los Mil. Gari­baldi le nombra coronel y le destina a la Intendencia militar, con misiones no muy distintas de las del tesorero. Pero si el es­crúpulo le impone aceptar, por obediencia, estas obligaciones sedentarias, no le faltan ocasiones de satisfacer en el riesgo el entu­siasmo y la natural necesidad de una más inmediata participación en la lucha. Termi­nada la primera parte de la expedición con la conquista de Sicilia, el poeta hubiera que­rido seguir a sus compañeros más allá del estrecho; pero su misión administrativa le obliga a permanecer en la isla.

Y la muer­te le sorprende a los treinta años, en cir­cunstancias que, después de tantos peligros generosamente afrontados, tiene el sabor de una burla humillante: desaparece en el misterioso naufragio del velero «Ercole», que desde Palermo hacía ruta hacia Nápoles. Grande es la importancia de Nievo en la literatura italiana del siglo XIX. De las Confessioni ha extraído la tradición la ima­gen del personaje más nuevo, irritante y patético de la literatura italiana actual, aquella Pisana (v.) a la que hay que reco­nocer vínculos de ideal parentesco más es­trechos con la Albertina (v.) de Proust que con la Lucia (v.) de Manzoni. Son tam­bién interesantes sus cuentos y novelas me­nores (v. Ángel de bondad, 1855).

F. Giannessi